Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Push Noticias Caracol
Reciba nuestras notificaciones con lo último de:
Ahora no
Activar

Publicidad

Una mujer, víctima de desplazamiento, deja en alto a su tierra con la venta de cocadas

En esta entrega de Todas, todos y todes, Cindy Vega cuenta cómo los grupos armados fueron los responsables de su desplazamiento, pero con resiliencia ha logrado sacar adelante a su familia con la venta de cocadas.

Para Cindy Paola Vega haber salido de su tierra por la violencia, cerca de Santa Marta, aún le desgarra el alma. Esta es la historia de miles de colombianos que viven el desplazamiento.

Cindy habló en Todas, todos y todes de cómo en el 2002 salió desplazada de Buritaca hacia Calabazo, ambas veredas cercanas a Santa Marta. “Nos hicieron salir de la finca a todos, a mi mamá y a mi hermanos. Luego nos alojaron en un sitio en el campo. Ahí duramos tres meses y el Estado nos apoyó mucho a todas las familias que estábamos en esa vereda”.

Las personas que fueron víctimas de desplazamiento no sabían si eran las Autodefensas Unidas de Colombia o algún grupo guerrillero quienes los habían desalojado. “Ellos nos dijeron que teníamos que desocupar la finca donde vivíamos”, manifestó Cindy.

El asesinato de su hermano, que nunca se esclareció, obligó a esta mujer víctima de desplazamiento a salir con sus hijos del lugar más preciado que tenía, su tierra.

“Yo me salí de allá cuando mataron a mi hermano. Fue tenaz”. El homicidio fue en el año 2005 y, 18 años después, no se sabe qué pudo haber pasado con él.

Publicidad

La mujer explica que el desplazamiento cambió su vida drásticamente. “Uno siente que se le acabó todo. Eso era chévere por allá porque uno vivía del campo, se pasaba corriendo como animalito por todos lados. Si daban ganas de comer, me montaba al palo y bajaba un mango, una naranja o un plátano. Aquí en Bogotá, si quiero un mango me toca comprarlo”.

La madre de Cindy tuvo que luchar con sus hijos desde muy pequeños, ya que el padre de los menores los abandonó. Sin embargo, la tenacidad de una mujer costeña que no se deja vencer por el miedo de los violentos, la trajeron a la capital colombiana para emprender nuevos caminos.

Estudió, consiguió trabajo en vigilancia y finalmente inició en el negocio de las cocadas. Comenzó preparando poca y paso a paso su negocio ha ido creciendo.

Publicidad

En la época de Navidad es cuando más vende y asegura que desde que es emprendedora le ha dedicado más tiempo a su hija.

Su gran sueño es tener un negocio grande, una casa, además de dejar en alto su sangre costeña, que algunos violentos quisieron arrancar.

  • Publicidad