El 30 de noviembre de 2020 quedará en la memoria de Nathalie Amaya como el día más devastador de su vida: fue entonces cuando su hija, Lynda Michelle Amaya, de 15 años, desapareció misteriosamente. El periodista César Chaparro, de Noticias Caracol, habló con esta valiente mujer que lo arriesgó todo para buscar a su pequeña en las oscuras garras del barrio San Bernardo, en el centro de Bogotá.
Ese día, Lynda Michelle salió de su casa en bicicleta, pues le apasionaba el BMX. La joven llegó al parque Tercer Milenio, donde presuntamente intentó seguir a unos hombres que le habían robado su celular días antes. Allí, según pudo determinar después su madre, fue interceptada por integrantes de una banda delincuencial en el barrio San Bernardo, conocido como el 'Samber'.
Natahalie narró que, tras registrar su desaparición, durante varias semanas no obtuvo respuestas por parte de las autoridades: "Empecé a poner denuncias y luego decidí acercarme a Medicina Legal, el 3 de diciembre. No tenía ninguna respuesta, y ellos decían que el único cuerpo femenino que habían encontrado lo habían levantado del barrio San Bernardo, claramente tenía mucho miedo porque lo único que sabía del San Bernardo era que eran las sobras del Bronx. (...) Pero los comentarios de las personas decían que no me quedara en duda, que de pronto fuera, que mirara".
Movida por la incertidumbre y el dolor, decidió infiltrarse en una de las zonas más peligrosas de la capital. "Yo era una mamá que buscaba una hija y si mi hija estaba ahí me la iba a llevar", dijo. Para pasar desapercibida entre la droga y la violencia del sector, Nathalie tuvo que transformar su apariencia: "Decidí cambiar mi aspecto físico, envolverme en una cobija de un animalito de una mascota para que tuviera muy mal olor, triturar mucho carbón, manchar mi cara y entrar con pitillos, talcos, tapas dentro de ese lugar".
El encuentro con los criminales que asesinaron a su hija
Duró varios días preguntando por su hija y mostrando su foto. Durante su tiempo infiltrada, llegó a estar frente a frente con los victimarios. En una tienda del barrio, buscó agua y se encontró con el presunto jefe de la banda, quien años más tarde sería vinculado al crimen. "Recuerdo que me preguntó que si yo estaba buscando algo y yo le respondí que yo buscaba a alguien", recordó Nathalie sobre aquel encuentro con quien habría dado la orden de asesinar a su hija.
Fue precisamente en esa tienda donde escuchó la conversación que confirmó sus peores temores: un grupo de personas hablaba sobre una de las fotos de búsqueda que ella misma había pegado. "Ese fue el cuerpo de la niña que recogieron acá", escuchó decir a una mujer.
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Nathalie recordó que en Medicina Legal le habían mencionado el hallazgo de un cuerpo femenino precisamente en ese barrio, por lo que decidió salir de allí. "El 28 de diciembre de 2020 fue la última vez que estuve en el barrio San Bernardo. Salí caminando hasta el centro comercial que queda sobre la estación Jiménez y me acuerdo que me senté ahí, vomitaba, sudaba, no sabía cómo cómo manejarlo", aseguró.
Inmediatamente decidió volver a Medicina Legal a exigir que le tomaran unas pruebas de ADN e hicieran un cotejo con el cuerpo que encontraron en ese lugar: "Ellos me citaron para el 31 de diciembre, pero el 29 en la mañana se comunicaron conmigo porque efectivamente se dieron cuenta que el cuerpo que habían levantado el barrio San Bernardo tenía ausencia de cordales y no podía ser de una mujer mayor de edad".
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El cuerpo de Lynda Michelle había sido levantado por Medicina Legal desde el 2 de diciembre, pero fue registrado como NN. Al ver el cadáver, inmediatamente supo que se trataba de su hija. "Estaba muy herida, golpeada. Recuerdo que su cabello se veía húmedo, su cejas, sus labios en posiciones totalmente diferentes", afirmó, asegurando que los criminales abusaron y asesinaron a la menor.
El dolor de la muerte de Lynda Michelle
Después del hallazgo vinieron días de profunda tristeza para Nathalie. "Recuerdo que habían días en que me desmayaba de tanto llorar porque sabía que no le iba a volver a ver, que no estaba en la casa, que no iba a llegar, que no había logrado encontrarla viva", relató.
Y, en medio del duelo, afirmó que tampoco sintió el apoyo de las autoridades. "Fueron muchísimos lugares, muchísimas puertas que toqué y no había recibido ni apoyo para buscar y encontrarla, ni después de esta tragedia. En realidad fueron las personas, fue la comunidad, fue la gente que escuchó el caso, la gente que logró sentir parte de mi dolor y sentirse identificada, quien me apoyó, quien me escribía, quien a través de mis redes estaban con un
mensaje de ánimo", dijo.
Hoy, Nathalie trabaja como dermocosmetóloga y se dedica a reconstruir su vida junto a sus otros tres hijos. Aunque el dolor persiste y considera que siempre habrá un grado de impunidad, ha decidido dar la cara para honrar la memoria de Michelle. "Lo decido porque mi hija ya no podía elevar su voz, ella ya no podía contar qué había pasado porque era mi hija", afirmó.
Al cierre de la entrevista, dejó un mensaje para otros padres: "El mensaje para todos los padres es tener siempre amor, cuidado, tacto... saber hablar, saber escuchar a nuestros hijos, saberlos acompañar".
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