La labor del periodista suele ser la de un observador externo, un relator de hechos que mantiene la distancia necesaria para informar con objetividad. Sin embargo, cuando ocurren tragedias como el terremoto en Colombia hoy de magnitud 7.4, las barreras entre el informador y la noticia se desvanecen. En Pereira, una de las ciudades más golpeadas por el reciente terremoto, el dolor no se cuenta solo en cifras de edificios colapsados, sino en la voz quebrada de quienes, teniendo que informar, también lo han perdido todo
El país fue testigo de este quiebre emocional a través de la señal de Noticias Caracol. Freddy Gómez, corresponsal en la capital de Risaralda, se convirtió sin quererlo en el símbolo de la vulnerabilidad que hoy embarga a miles de familias colombianas. Al ser consultado por su situación personal y la de su señora madre, el periodista, al borde del llanto y con la voz entrecortada, entregó un testimonio que refleja la magnitud del desastre desde lo más íntimo.
Periodista de Noticias Caracol llora al hablar de terremoto en Pereira
"Donde vive mi mamá se sufrieron afectaciones en la infraestructura. Tuvieron que moverla del lugar donde estaba. Estoy con mis hijas. Yo soy padre cabeza de hogar y me traje a mis hijas. Vivimos en un piso alto, donde también se presentaron algunos problemas y, a esta hora, después de que terminemos de informar a los colombianos y pedir por los pereiranos, hay que empezar a mirar qué necesita la familia y empezar a mirar dónde vamos a empezar a buscar agua y dónde vamos a empezar a mirar dónde vamos a pasar la noche. Pero lo primero era pedir ayuda por todos los colombianos y sobre todo por estos pereiranos que hoy estamos pasando por un momento muy difícil", contó Freddy.
La situación que vive el periodista es la realidad que enfrentan cientos de ciudadanos en esa ciudad que ha quedado sumida entre los escombros y la incomunicación. Según el reportero, encontrar víveres y agua potable se ha vuelto una tarea casi imposible, dado que los supermercados y restaurantes permanecen cerrados, y gran parte de la ciudad carece de servicios básicos como energía eléctrica y gas.
Rescates con las manos y una ciudad en ruinas
La situación en las calles de Pereira es devastadora. En puntos críticos como la Plaza de Bolívar, la imagen es desgarradora: voluntarios y organismos de socorro intentan remover escombros prácticamente con las manos ante la falta de herramientas básicas como baldes, estopas o iluminación adecuada para las labores nocturnas. El silencio necesario para escuchar posibles señales de vida se ve interrumpido por los llamados desesperados de quienes buscan a sus seres queridos atrapados bajo lo que antes eran edificios, hoteles y hospitales.
Se reportan más de 18 puntos de colapso total en Pereira
Entre los escombros, las historias de angustia se multiplican. Óscar Danilo Camero Fernández es uno de esos rostros de la desesperanza; busca a su esposa, Ceneida Ramírez Arango, de quien no tiene noticias desde las 7:20 de la mañana. Su fe, puesta en un rescate milagroso es el único motor que lo mantiene en la zona de desastre.
El alcalde de Pereira, Mauricio Salazar, en medio de lágrimas, ha hecho un llamado urgente al Gobierno Nacional. "Es una tragedia para toda la ciudad, para miles de familias", expresó el mandatario, subrayando que la reconstrucción requerirá de un apoyo masivo que sobrepasa las capacidades locales. La ciudad se encuentra bajo toque de queda hasta las 5:00 de la mañana, se han suspendido las clases y se ha decretado día sin carro y sin moto para facilitar la movilidad de los organismos de emergencia.
El ministro Rodrigo Lara confirmó la llegada de 95 bomberos de diversas ciudades y el arribo inminente de 65 rescatistas especializados del grupo USAR provenientes de Rionegro, Antioquia. Además, un equipo de cinco ingenieros estructuralistas de la Alcaldía de Bogotá se unirá a las labores para evaluar los daños en infraestructura vital como hospitales y edificios públicos.
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A pesar de que la terminal del aeropuerto presenta graves daños materiales por la caída de vidrios y muros, la pista se mantiene operativa, lo que permitirá la llegada de las primeras ayudas humanitarias una vez se restablezca por completo la torre de control. Pereira hoy no solo lucha contra los escombros físicos de un sismo de 7.4, sino contra el impacto emocional de una tragedia que, como bien dijo el periodista Freddy Gómez, apenas están empezando a reaccionar.
Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos.
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