En el imaginario colectivo, la duración de una relación sexual suele medirse con cronómetro en mano, alimentada por mitos que sugieren que "más es siempre mejor". Sin embargo, la evidencia científica actual propone una realidad muy distinta. Noticias Caracol habló con Laurent Marchal, psicólogo sexólogo de la Universidad de Konrad Lorenz, para conocer si existe o no un tiempo "normal" para la intimidad sexual.
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¿Cuánto tiempo debería durar la relación sexual?
Mientras que las fantasías culturales suelen proyectar encuentros de 20 o 30 minutos, la realidad es que muchos hombres sin disfunción eyaculatoria promedian entre 3 y 7 minutos de penetración vaginal, con una mediana que se sitúa cerca de los 5 minutos. Para entender la satisfacción sexual, es necesario desplazar la mirada de las cifras. Según explica Laurent Marchal, el malestar surge cuando el encuentro se convierte en una fuente de ansiedad y frustración en lugar de una oportunidad para conectar.
Las guías clínicas internacionales refuerzan esta idea al señalar que la eyaculación precoz no es solo una cuestión de "durar poco", sino que involucra un tiempo de latencia corto —generalmente menor a un minuto—, la incapacidad de regular la excitación y un impacto negativo en la autoestima o el vínculo afectivo.
Desde la perspectiva de Marchal, basada en investigaciones desarrolladas en la Konrad Lorenz, la clave para una vida sexual saludable reside en la conexión con el momento presente. El experto destaca que cuando el sexo se vive como si fuera un "examen", el cuerpo activa respuestas de defensa que aumentan la adrenalina y aceleran el reflejo eyaculatorio.
La importancia de la presencia y el placer compartido
La solución no parece estar en técnicas mecánicas para "aguantar más", sino en habitar la experiencia con mayor conciencia. Marchal enfatiza que entrenar la capacidad de estar presentes —notar la propia respiración y las sensaciones corporales— permite a las personas modular el ritmo y sostener el placer sin vivirlo como una amenaza. Este enfoque, vinculado a la terapia de aceptación y compromiso, busca que el encuentro sea un espacio de libertad y no de autoexigencia.
En última instancia, la calidad de la vida sexual no la define un número. Existen parejas plenamente satisfechas con pocos minutos de penetración que se complementan con juegos previos, sexo oral y otras formas de intimidad. La verdadera frontera entre una sexualidad saludable y una vivida como una carga está en si el encuentro se disfruta con presencia, placer y sin miedo al juicio.
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ÁNGELA URREA PARRA
NOTICIAS CARACOL