Paula Restrepo vivió durante siete años junto a Carlos Castaño, uno de los hombres más temidos de Colombia. Lo que comenzó en 1987 como un romance juvenil con un “muchacho normal, tirando a montañero”, que disfrutaba volar cometas, terminó en un exilio forzado y en una década de prisión en Honduras tras la caída del jefe paramilitar.
En Los Informantes, Paula Restrepo abrió su corazón para hablar de ese romance y reveló detalles del momento en que descubrió que el hombre del que estaba enamorada era, en realidad, el máximo comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia.
Así conoció Paula Restrepo al jefe paramilitar
El primer encuentro entre ambos ocurrió en un concesionario de vehículos ubicado frente a la Cuarta Brigada del Ejército, en Medellín. En aquel momento, Paula trabajaba como vendedora de carros y modelo para ayudar económicamente a su familia tras la muerte repentina de su padre. Según su relato, Castaño llegó al lugar de una manera que captó su atención de inmediato por el estado y el ruido de su vehículo.
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“Era muy mal vestido. Pues sí era muy mal vestido”, relató la mujer, quien recordó su primer encuentro con él.
¿La familia Castaño tenía una fachada?
En esa época, Medellín estaba inmersa en el narcotráfico, pero la imagen inicial de Carlos Castaño no coincidía con la de los hombres ostentosos de la ciudad. Restrepo recordó que él vestía de forma muy sencilla para los estándares de la época. La impresión que le dejó fue la de "un muchacho normal, tirando a montañero" a quien "le gustaban los deportes, rumbear y le gustaba volar cometa".
La faceta de comprador de Carlos Castaño fue el primer indicio de su capacidad económica oculta. Tras preguntar por el precio de varios vehículos, sorprendió a la vendedora con una propuesta inusual: "¿Y si me los llevo todos? ¿Qué descuento me va a hacer?". Finalmente, pagó los camperos en efectivo utilizando dólares y se marchó.
Poco después, Paula Restrepo contó que comenzaron los detalles y las invitaciones a salir, que inicialmente rechazó por considerarlo “muy montañero”. Cuando finalmente aceptó, él mostró un nivel de exclusividad inesperado, incluso reservando restaurantes enteros para sus encuentros.
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Ante las dudas sobre el origen de su dinero y sus actividades, Carlos Castaño construyó una fachada vinculada íntegramente al sector agropecuario. Él le explicaba su procedencia de la siguiente manera: "Yo soy un montañero. Mi familia, mis hermanos, mi papá tienen fincas ganaderas en Caucasia, en Berrío... y todos los hermanos trabajamos en eso”. Bajo esa explicación, afirmaba que todos los hermanos trabajaban en el negocio ganadero y que de allí provenían sus ingresos.
Montecasino: la casa del cuartel general de AUC
El acceso al círculo íntimo de la familia se dio a través de las visitas a la mansión Montecasino, en el barrio El Poblado de Medellín. El lugar funcionaba como vivienda y, simultáneamente, como el cuartel general de las autodefensas. En ese lugar, Restrepo conoció a Fidel Castaño, el hermano mayor de Carlos y fundador del grupo armado.
La decoración de la casa incluía obras de artistas reconocidos y detalles de lujo como vestidores forrados en espejos. “El tipo estaba oyendo música clásica fumándose un habano relajado. Eso soltó todo y vino y me abrazó: ‘Paulita ¿cómo estás’”, sobre el primer encuentro con Fidel Castaño.
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En ese momento, según su testimonio, la verdadera actividad de los hermanos no era de conocimiento público para ella.
El atentado que reveló la verdad
El momento determinante en el que la verdadera identidad de Carlos Castaño salió a la luz ocurrió durante un trayecto por la avenida El Poblado. La pareja fue víctima de un atentado que desencadenó una balacera en plena vía pública. Tras sobrevivir al ataque, Restrepo confrontó a Castaño, preguntándole directamente por la naturaleza de sus actividades y si estas estaban relacionadas con la ilegalidad.
“Le dije: "no nos mataron de milagro. Carlos, vos sos traqueto, ¿cierto?”. Y me dijo: “Paulita, te voy a contar la verdad. Mi hermano es el comandante de los paramilitares en Colombia”, relató.
Una vida marcada por el miedo y la negación
A pesar de conocer esta información, Paula Restrepo admitió que decidió continuar con la relación, atribuyéndolo a su inmadurez y al sentimiento que tenía en ese entonces. "Yo era una muchachita, porque todavía estaba muy joven. Muy superficial. A mí lo que menos me importó era ver lo que pasaba en el país". No obstante, la realidad de la guerra comenzó a permear su vida cotidiana. Empezó a notar las ausencias frecuentes de Carlos Castaño y a ver en las noticias masacres y asesinatos que eran atribuidos a los paramilitares.
El miedo se volvió una constante en su existencia, llevándola a tomar medidas extremas por su seguridad personal. "Yo estuve con mi cédula metida en el bolsillo tres o cuatro años, que por lo menos pudieran decirle a mi mamá : ‘Ve ahí está su hija'".
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Con el tiempo, la personalidad de Carlos Castaño se transformó drásticamente. Se volvió, en palabras de Restrepo, "una persona muy oscura" que consumía alcohol de manera excesiva y ya no reía como antes. “Comencé a sentir miedo por mí”, recordó.
Luego vino la guerra a muerte contra Pablo Escobar, que terminó con su caída. La relación se deterioró aún más, hasta que Carlos Castaño acusó a Paula de haberlo traicionado. En su último encuentro, marcado por gritos y llanto, él le lanzó una amenaza de muerte directa: "Sabes qué Paulita, te voy a matar".
El exilio y el infierno en Honduras
Tras esta sentencia, Paula Restrepo retiró el dinero disponible en sus cuentas y huyó de Colombia hacia Estados Unidos. Años después, en 2010, fue capturada en Honduras tras aceptar transportar una maleta con dólares hacia Colombia, un acto que ella califica como una irresponsabilidad fruto de estar "muy mal acostumbrada a siempre tener muy buena plata".
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Pasó una década en la cárcel de San Pedro Sula, descrita por ella como "el infierno en vida". Hoy, de regreso en Medellín, reflexionó sobre su pasado con el jefe paramilitar: "Yo no me arrepiento de haberme metido con el Carlos Castaño de su juventud. Me arrepiento de haberme quedado con la persona en que Carlos se convirtió", concluyó.
Entre 1975 y 2015, los grupos paramilitares asesinaron a más de 21.000 personas en Colombia: hombres, mujeres y niños que quedaron atrapados en una guerra absurda. El legado de los Castaño sigue siendo aterrador.
Hoy, Paula Restrepo intenta reconstruir su vida junto a su familia en Medellín, dejar atrás los recuerdos y reconciliarse con su presente.