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Drama de ingenieros colombianos detenidos en Yemen y enviados a Arabia Saudí en condiciones críticas

Los ingenieros viajaron a través de una compañía americana, pero la oportunidad laboral se transformó en una pesadilla. Conozca el relato de su familia.

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Lo que comenzó como una prometedora oportunidad laboral en el extranjero se transformó en una pesadilla humanitaria para tres ingenieros colombianos y sus familias en Bogotá. Luis Eduardo Romero, de 31 años; su padre Héctor Romero, de 62; y un tercer colega se encuentran desaparecidos tras una serie de detenciones arbitrarias y traslados irregulares en el conflictivo territorio de Yemen y, recientemente, en Arabia Saudita.

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En abril de 2025, los tres profesionales partieron desde el Aeropuerto El Dorado con la ilusión de cumplir un contrato con una empresa norteamericana para instalar antenas de comunicaciones de uso civil en Yemen. Según Silvia Patricia Jiménez, madre de Luis Eduardo, el objetivo era que su hijo liderara futuros proyectos de la compañía tras esta experiencia técnica.

Sin embargo, la estabilidad del proyecto se desmoronó apenas un mes después de su llegada el 22 de abril. En mayo de 2025, bombardeos en el aeropuerto local complicaron la situación de seguridad y movilidad en el país. Para julio, ante la imposibilidad de salir de Saná, los ingenieros se trasladaron a la ciudad costera de Adén buscando alternativas de retorno.

Atrapados por la burocracia y la guerra

La situación escaló en agosto de 2025, cuando los ingenieros entregaron sus pasaportes a las autoridades de seguridad en Adén para tramitar visas de salida. Lejos de facilitar su partida, los documentos les fueron retenidos, dejándolos atrapados en una zona de guerra. A pesar de que la Embajada de Colombia en los Emiratos Árabes Unidos les tramitó pasaportes de emergencia y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) diseñó una hoja de ruta para su repatriación, el 15 de noviembre de 2025 fueron detenidos formalmente por las autoridades locales.

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Daniel Romero Jiménez, hijo y hermano de dos de los afectados, relata con dolor que la última comunicación antes de esa detención fue "casi una despedida", pues los ingenieros fueron obligados a recoger sus pertenencias sin saber si serían desaparecidos. Tras un mes de total incomunicación, el 15 de diciembre confirmaron que estaban bajo una supuesta investigación de seguridad.

Condiciones infrahumanas y falta de cargos

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Las pruebas de supervivencia recibidas por la familia revelan un panorama desolador. Los ingenieros permanecieron en una celda de tres por cuatro metros en Adén, sin baño, rodeados de moscas y mosquitos, y soportando un calor extremo. Héctor Romero, el ingeniero de 62 años, padece de hipertensión y otros problemas de salud que no han recibido manejo médico, mientras que Luis Eduardo ha sufrido de otitis y hongos debido a la falta de higiene.

En un angustiante mensaje de voz, uno de los retenidos describió el lugar como "un basurero" y manifestó el grave impacto psicológico de las promesas de libertad incumplidas. Incluso llegaron a escribir una carta al director del calabozo suplicando compasión, asegurando que no habían hecho nada malo, pero la petición fue ignorada.

Un traslado incierto y el silencio corporativo

El 25 de enero se registró la última comunicación oficial. Desde entonces, se sabe que fueron trasladados a Arabia Saudita sin un proceso legal claro ni cargos notificados. La empresa norteamericana que los contrató se ha desentendido del caso, limitándose a emitir una carta donde confirma que el trabajo era estrictamente civil y no de inteligencia o militar.

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Por su parte, la Cancillería colombiana afirma que ha brindado asistencia consular desde el año pasado, respetando la legislación de los estados receptores y el debido proceso, aunque sin interferir en las decisiones judiciales de dichas naciones.

Mientras tanto, en Colombia, las familias continúan esperando una respuesta que les devuelva a sus seres queridos, temiendo que el silencio oficial se convierta en una desaparición permanente.

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