El pasado 24 de junio, en Venezuela se produjo un doblete sísmico que destruyó cientos de edificios y acabó con la vida de más de 5.400 personas, según las cifras entregadas por el gobierno tras un mes de la tragedia. El estado de La Guaira fue el más golpeado por los devastadores terremotos de 7,5 y 7,2. Las labores de búsqueda de víctimas fatales continúa, aunque la mayoría de las operaciones se centran en la reconstrucción y la ayuda humanitaria para los sobrevivientes, como Karina Bechara, oriunda de esa región y que estuvo 23 horas atrapada bajo los escombros. (Lea también: A un mes de los fuertes terremotos en Venezuela la búsqueda de desaparecidos continúa)
Los sismos también dejaron 17.000 heridos y unas 23.000 personas siguen viviendo en refugios temporales. Muchas familias siguen dependiendo del agua embotellada para beber, cocinar y lavarse. "Los sobrevivientes viven con ansiedad, miedo, tristeza e insomnio, mientras lloran la pérdida de sus familiares, hogares, empleos y medios de vida", declaró el vocero de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR), Scott Craig. "Los centros de salud, las escuelas, los sistemas de agua, la electricidad y el alcantarillado quedaron destruidos o gravemente dañados", agregó.
“23 horas se dicen fáciles, pero no son fáciles”
Eso dijo Karina al relatar en Noticias Caracol en vivo lo que atravesó durante ese lapso, mientras aguardaba a que fuera rescatada. Cuando se produjo el temblor, describió, “el ruido que se produjo en ese momento fue un ruido atormentador. Luego de ese ruido viene el silencio que asusta. Estar bajo los escombros durante 23 horas hace una marca importante en la vida de cualquier persona”.
Durante ese periodo, aseguró, “nunca perdí el conocimiento, estuve en mis cinco sentidos. Me comencé a tocar para percatarme de qué partes del cuerpo tenía lesionadas. Me revisé los dientes, me tocaba los brazos, el esternón, pecho. Cuando llego a mis piernas me percato de que tenía ambas piernas partidas, sin pensar nunca que podía llegar a una mutilación”. Reconoció que “había dolor de atascamiento. Al principio intenté halar los pies, cuando me doy cuenta de que los tenía bloqueados por el peso y me percato de que hacer un movimiento me producía demasiado dolor”, por lo que “la mejor manera era mantenerme con calma y esperar que alguien llegara”.
Karina comentó que “tenía mucha fe de que alguien me iba a oír porque no paré nunca de gritar ni pedir auxilio”, pero “el silencio era algo que te atormentaba, nadie te oía”. Sin embargo, horas después dijo que escuchó “a lo lejos alguien que gritaba mi nombre. Ese alguien era el novio de mi hija, que de una forma particular siempre me decía madre. Obviamente era la única persona que me decía así y comienza el ataque de adrenalina para gritarle y decirle que yo estaba ahí”.
Finalmente fue localizada y varias personas comenzaron “a escarbar los escombros con las manos, no tenían ningún tipo de herramientas para levantar placas porque nadie se imaginaba la magnitud del terremoto”, hasta que finalmente, cuando pasaron unas dos o tres horas “veo la luz” de las linternas, relató. Agregó que la gente logra “identificarme del torso para arriba, no había la manera de llegar a mis piernas” y hubo “dos o tres grupos de rescate que intentaron sacarme y no lo lograban”, pero llegó el grupo Ángeles de la Autopista, entre el que estaba Cris Acosta, un joven bombero paramédico de 19 años, que fue uno de sus salvadores.
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Karina Bechara señaló que ella fue el primer rescate de este grupo tras los terremotos en Venezuela “y salimos victoriosos ambos”. Los rescatistas “llegaron aproximadamente a las 9 de la mañana del día 25 y yo logré salir como a las 5 de la tarde del mismo día”, explicó. (Lea también: Delcy Rodríguez promete entregar 4.000 viviendas en 2026 a afectados por terremotos en Venezuela)
“Les pedía que no me dejaran morir y que no me cortaran las piernas”
Esta sobreviviente por fin pudo ser trasladada a una clínica para recibir la atención necesaria. Al llegar, admitió, “les pedía que no me dejaran morir y que no me cortaran las piernas” porque en el rescate “alguien dijo ‘hay una posible amputación de miembros’”. Entonces, agregó, “el médico me mira y me dice que me quede tranquila, que ellos iban a hacer lo posible”, pero “en el quirófano se percatan de que la lesión era muy grave y que no había otra manera de salvarme la vida”. El doctor la miró: “Karina, perdóname, pero no pudimos hacer nada. (…) Me dijo, ‘o eran tus pies o era tu vida’”.
“Somos instantes”
Ahora, tras un mes de los terremotos y haber perdido las piernas, Karina comenta que “lo más importante es tu familia, el apoyo que tienes a diario y a mí no me ha faltado. Me costó muchísimo entenderlo, soy una persona activa, entrenaba a diario”, pero “vendrán tiempos mejores y no pierdo la fe ni la esperanza de que voy a tener mis prótesis”. Añade: “Caerse está permitido, levantarse es obligatorio”.
Además, esta sobreviviente cuenta que tiene tatuada la frase “Somos instantes” porque “he pasado tres eventos: la pérdida de mi mamá, de 57 años, de un infarto fulminante mientras dormía; mi papá, en una hora, de un infarto rapidito, y uno de mis hermanos, con 62 años, por un aneurisma cerebral en 30 minutos”. Según ella, “la vida de cada persona es un instante, no nos damos cuenta de que nos podemos extinguir en cualquier momento. (…) Conmigo bastaron 39 segundos para quitarme las piernas”.
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“Perdí las piernas, pero no perdí la capacidad de reír (…) porque estoy viva a diferencia de muchísimos. Me faltan las piernas, pero en cualquier momento voy a tener prótesis y esto va a pasar”, aseveró. (Lea también: Juan Pablo Dos Santos, el atleta venezolano que lleva esperanza a personas amputadas tras terremotos)
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