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Cabezote sección SALUD Noticias Caracol 2025 DK

Doloroso relato de madre que respalda a su hija en pedir suicidio asistido: "No es vida para ella"

La mujer solicitó al sistema de salud colombiano acceder al suicidio médicamente asistido tras años de tratamientos sin resultados para sus trastornos mentales.

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Durante más de una década, María Ángela Silva ha vivido con un temor silencioso: recibir una llamada que le confirme que su hija no resistió más. Desde que Catalina tenía 13 años, la vida familiar comenzó a girar alrededor de hospitales, tratamientos y crisis que parecían no terminar. Su hija, Catalina Giraldo Silva, es una psicóloga de 30 años que decidió acudir a la justicia para solicitar el acceso al suicidio médicamente asistido en Colombia, un procedimiento que fue despenalizado por la Corte Constitucional en 2022, pero que todavía no ha sido reglamentado por el Congreso ni por el Gobierno.

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Giraldo padece trastorno depresivo mayor, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad. Según su relato, lleva más de la mitad de su vida enfrentando problemas de salud mental que han afectado su calidad de vida de manera constante, pues durante años ha recibido diferentes tratamientos médicos y psicológicos sin resultados favorables. "Es como una sensación de vacío con la vida. Yo ese vacío lo siento físicamente, lo siento en mi pecho y me duele". De hecho, su caso se convirtió en el primero en el país en el que una persona solicita formalmente esta modalidad de muerte digna dentro del sistema de salud.

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De acuerdo con la información presentada por su defensa, Catalina ha pasado por múltiples procesos terapéuticos, entre los que se encuentran más de 40 esquemas farmacológicos distintos, nueve hospitalizaciones psiquiátricas y tres ciclos de terapia electroconvulsiva. Pese a esos intentos, asegura que los síntomas no han disminuido. Fue en 2025 cuando decidió solicitar formalmente la muerte digna. Sin embargo, en lugar de pedir eutanasia - procedimiento que sí está reglamentado en Colombia - solicitó acceder al suicidio médicamente asistido.

En octubre de ese mismo año presentó la solicitud ante su EPS, Sanitas. La respuesta fue negativa, pues la entidad argumentó que el procedimiento no puede realizarse porque no existen lineamientos regulatorios que permitan garantizar su ejecución dentro del sistema de salud. La negativa quedó consignada en una comunicación enviada a la paciente en noviembre de 2025, en la que la EPS indicó que actualmente no existen condiciones normativas ni operativas que permitan realizar el procedimiento. Ante esta situación, Catalina interpuso una acción de tutela con el acompañamiento de su abogado, Lucas Correa. El objetivo es que se reconozca su derecho a acceder a esta modalidad de muerte digna.

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Sin embargo, un juez de Bogotá rechazó la solicitud argumentando que la paciente podría optar por la eutanasia, que sí está regulada en Colombia. La defensa de Giraldo sostiene que ambas figuras son distintas y que la paciente desea ejercer su decisión de forma autónoma. En la eutanasia, el medicamento que provoca la muerte es administrado directamente por un profesional de la salud. En el suicidio médicamente asistido, en cambio, el médico únicamente entrega el fármaco y el paciente es quien lo utiliza. El caso podría llegar nuevamente a la Corte Constitucional, que tendría la última palabra sobre la solicitud.

Una vida atravesada por la enfermedad

La enfermedad se manifestó desde muy joven y fue intensificándose con los años. Para ella, la solicitud del suicidio médicamente asistido no es una decisión impulsiva sino el resultado de un proceso largo en el que, dice, agotó todas las opciones terapéuticas disponibles. "A mí me cansa mucho tener que estar todo el tiempo lidiando con eso. Quisiera como poder apagar esas voces, apagar ese malestar y de pronto hay momentos en el día pequeños que se apagan, pero la mayor parte del día eso está como contigo a todas partes, a donde vayas, inclusive a dormir se va conmigo, no me deja descansar, no me deja en paz, es como que quisieras decirle “ya basta, vete por favor, déjame en paz", explicó Catalina.

Su intención no es morir en secreto ni causar una escena violenta para su familia. Por el contrario, quiere que el procedimiento, si llegara a ser autorizado, se realice con acompañamiento médico y con la presencia de sus seres cercanos. En esta modalidad, el médico entrega el medicamento necesario para provocar la muerte, pero es el propio paciente quien decide cuándo y cómo administrarlo. Es la primera paciente que invoca esta ruta de muerte digna en el país. Cumple todos los requisitos: padece una enfermedad grave, resistente a todo esfuerzo terapéutico, que le produce sufrimientos incompatibles con su ideal de vida diga.

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Catalina quiere poner fin a su vida, pero no de forma solitaria y clandestina, como le ocurre en general a las 700 mil personas que anualmente mueren de esta manera en el mundo. Esta vez Catalina quiere que su familia la acompañe en el proceso, que el Estado le garantice su derecho a morir dignamente, que un médico especialista le provea de forma segura la droga para que cese de una buena vez la pena que desgarra su alma y que ella disponga cómo y cuándo tomársela sin depender de nadie más que de su propia voluntad y convicción para recorrer este camino inédito en Colombia.

"Es un intento para que mi mamá y para que mi hermana no tengan que vivir esto de manera violenta, para que tal vez ellas, obviamente les va a doler, yo no digo que esto no sea doloroso porque va a ser doloroso, pero sería diferente a que si yo cometo esto por mi lado y lo hago de las maneras en que pensaba hacerlo. Tal vez de esta manera ocasione el menor sufrimiento posible. Tal vez de esta manera ellas me puedan acompañar en el proceso. Podamos hablarlo, podamos tener estas conversaciones, podamos saber qué vamos a hacer o cómo vamos a vivir estos meses", afirma la mujer.

El momento en que la madre entendió la dura petición de su hija

Para María Ángela Silva, aceptar la decisión de su hija fue un proceso doloroso. Durante años su principal objetivo fue evitar que Catalina se hiciera daño. Recuerda con claridad que uno de los momentos que más la marcó ocurrió cuando su hija estaba hospitalizada y ella revisó su computador personal. Allí encontró documentos que Catalina había escrito como despedida. Entre los archivos había cartas, listas de medicamentos, canciones que pensaba escuchar y hasta detalles sobre el lugar donde planeaba morir. "Ese día me rompí", contó la madre al recordar ese momento.

Desde entonces comprendió que la angustia de su hija era más profunda de lo que imaginaba. También entendió que muchos de los intentos por impedir su decisión no estaban eliminando el sufrimiento. Con el tiempo empezó a mirar la situación desde otra perspectiva. Hoy dice que no puede concebir la vida de su hija tal como está. Asegura que Catalina no vive con tranquilidad ni logra disfrutar de su cotidianidad. Las noches, las crisis emocionales y la sensación permanente de angustia han marcado la vida de toda la familia. "Yo no puedo concebir la vida de Cata como hoy. Eso no es vida para ella. Ella no está viviendo dignamente", afirmó.

La mujer relató que durante años ha visto cómo su hija atraviesa periodos de sufrimiento intenso relacionados con su enfermedad mental. Según explicó, acompañar su decisión no ha sido fácil, pero considera que su hija ha intentado todos los tratamientos posibles. "Y yo no podía pensar sino en el dolor que iba a pasar después y en el dolor que ella tenía que vivir al hacerlo a escondidas y sola, con el sentimiento de culpa que nos está haciendo daño, que ha intentado vivir por la hermana y por mí todos estos cinco años, pero que se cansó y que ya no puede más y que nos va a causar un dolor infinito, pero que lo va a hacer a escondidas. Eso no es digno para nadie".

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Por eso acompaña la decisión de Catalina, pero eso no quiere decir que no espere un milagro. El año pasado, tras una cita de rutina, le descubrieron cataratas en los ojos. "Cuando me dice la oftalmóloga eso me puse a llorar. Me dijo: "Pero no te vas a quedar ciega, es operable, no sé qué”. Le dije: "No, es que no, yo sé por qué esto me está pasando". Se quedó mirándome como sorprendida y le dije: "Es que no quiero ver morir a mi hija". O sea yo estoy tomando una decisión de acompañar a mi hija, pero eso no quiere decir que yo no quiera que pase un milagro".

Para María Ángela, la espera también significa sostener una contradicción permanente: acompañar la decisión de su hija y al mismo tiempo desear que cambie de opinión. Dice que ninguna madre quiere enfrentar una situación así. Pero después de tantos años viendo el sufrimiento de Catalina, llegó a una conclusión que repite con serenidad. Si su hija finalmente obtiene el permiso que busca, ella no piensa dejarla sola. Estará allí, como lo ha estado siempre. Incluso si ese momento significa despedirse.

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"Si ella me permite, a ella le cuesta que la toquen mucho, pero si ella me lo permite, y ese es un deseo que le voy a pedir, yo le sostendré una mano y con la otra ella pues tendrá que tomar su decisión, pero estaré ahí presente y la acompañaré y sé que la hermana también (...) ¿Cómo no voy a acompañar a mi hija a partir cuando su vida físicamente le es imposible vivir un día sin sufrimiento, cuando yo la ayudé a llegar a este planeta? El amor de madre es el amor más egoísta que hay. Pero si yo me pongo un paso más arriba del amor, desde lo más puro -o así lo entiendo yo- me desapego de querer obligar a tener a alguien así sufra a mi lado. Yo no puedo vivir feliz viendo sufrir a una hija porque está haciendo todo lo posible para que yo sea feliz y ella está sufriendo".

VALENTINA GÓMEZ GÓMEZ
NOTICIAS CARACOL
vgomezgo@caracoltv.com.co

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