Jennifer García quería terminar un tatuaje que llevaba tiempo haciéndose en la espalda. El diseño, que se extendía hasta los glúteos, incluía una mujer sosteniendo el mundo, un dragón que emergía de este, mariposas, libélulas y elementos de la naturaleza. También tenía lirios, flores que le gustaban.
Sin embargo, lo que debía ser una nueva sesión para completar el tatuaje terminó en una tragedia. Jennifer murió después de someterse a un procedimiento con anestesia en su vivienda, en Bogotá. Su esposo, Jonathan Cantor, relató en el programa Aguas Profundas, cómo se enteró de lo sucedido y los momentos que vivió al llegar a la casa.
Cantor también pidió que las autoridades esclarezcan las circunstancias de la muerte de su esposa y determinen las responsabilidades correspondientes.
Jennifer no soportaba el dolor del tatuaje y buscaron una alternativa
De acuerdo con el relato de Cantor, Jennifer ya se había tatuado la parte superior de la espalda sin anestesia. Sin embargo, cuando llegó el momento de trabajar en la zona inferior, el dolor se volvió difícil de soportar. Su esposo explicó que ella tenía una alta tolerancia al dolor, pero que una cirugía anterior le había dejado fibrosis en la parte baja de la espalda, cerca de la cadera, una zona que le generaba sensibilidad y molestias.
Ante esa situación, Cantor le pidió al tatuador que utilizara una crema anestésica, pero, según contó, el artista no aceptó.
La alternativa que encontraron fue recurrir a un hombre conocido como Juan Jair, de quien habían escuchado a través de una persona cercana. Según el testimonio, este hombre ofrecía procedimientos estéticos, entre ellos liposucciones, y los realizaba en una vivienda. Cantor dijo que llegó a pensar que podía ser médico por los resultados que le habían comentado, aunque no tenía certeza sobre su formación profesional.
La pareja tenía dudas sobre la posibilidad de realizar un procedimiento de este tipo en una casa. Aun así, acordaron que Jennifer recibiría anestesia para continuar con el tatuaje. Según Cantor, les dijeron que sería anestesia local y que ella permanecería somnolienta, pero despierta. El servicio habría costado 600.000 pesos, que pagaría una persona cercana a quien los había puesto en contacto con Juan Jair.
El procedimiento se llevó a cabo en la vivienda de la familia. Cantor afirmó que no se hicieron exámenes previos y que no había equipos de monitoreo. También señaló que el hombre llegó con una camilla y que vivía en la misma cuadra.
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La secuencia previa a que Jennifer dejara de responder
Cantor salió temprano a trabajar como conductor de un camión repartidor de cerveza. Antes de irse, él y Jennifer se tomaron una fotografía que registraba el inicio de la jornada. Más tarde, hablaron por videollamada para saber cómo avanzaba el tatuaje.
Según la reconstrucción que hizo a partir de lo que le contó su familia, el tatuador llegó primero, seguido de Juan Jair y de un hombre que, según su relato, era enfermero. Jennifer estaba en la camilla y todavía podía mover los pies. En ese momento, pidió que pusieran música mientras le hacían el procedimiento y que les ofrecieran algo de tomar.
Durante la videollamada, Cantor vio que el tatuaje empezaba a tomar forma y se mostró contento con el resultado. También le advirtió a uno de sus hijos que estuviera pendiente de su mamá, pues, según explicó, ella no estaba completamente consciente.
En el relato de Cantor, su hija salió un momento a preparar una aromática. Mientras tanto, el tatuador continuó trabajando. La situación cambió cuando Jennifer comenzó a roncar y dejó de responder. Según lo que le contaron, el tatuador se alarmó al notar que ella no reaccionaba y pidió ayuda al hombre que le había administrado la anestesia.
Cantor afirmó que su hija le contó que el hombre había llevado varias jeringas y que comenzó a aplicarle las sustancias durante el procedimiento. El esposo también recordó haber escuchado una conversación entre una enfermera y quien habría administrado la anestesia, en la que se mencionaron cantidades de una sustancia que él identificó como ketamina. En su relato aparecen cifras distintas, por lo que no es posible establecer con certeza la cantidad administrada a partir de esta entrevista.
La familia intentó atender la emergencia mientras llegaban los servicios médicos. Según Cantor, cuando arribaron los paramédicos, Jennifer ya había muerto. Él contó que pidió que la trasladaran a un hospital, pero una persona que estaba allí le respondió que en el lugar ya estaban haciendo lo que podían hacer en un centro médico.
“Yo camino y respiro porque me toca”: el dolor de su esposo
Cantor estaba trabajando en el sector de Juan Rey, en Bogotá, cuando recibió una llamada de su cuñado, quien le advirtió que Jennifer no respondía. Salió de inmediato hacia su vivienda, en el sector de San Jorge. En el camino, según recordó, el tatuador estaba llorando y le pidió que subiera.
Al llegar, encontró a su esposa en el piso, rodeada de algunas personas y personal de atención. Se arrodilló a su lado, le tomó la mano y le suplicó que no lo dejara. También relató que la besó, intentó abrirle los ojos y le pidió que lo mirara una última vez.
Sus hijos también estuvieron presentes durante los momentos de angustia. En la entrevista, Cantor señaló que tienen 20, 15 y 11 años. Recordó que uno de ellos se acercó a Jennifer y le tomó la mano mientras le pedía que resistiera.
Cuando las personas que intentaban atenderla dejaron de intervenir, le comunicaron que había muerto. Cantor describió ese instante como una experiencia que todavía le cuesta asimilar. “Yo camino y respiro porque me toca”, dijo al explicar cómo ha enfrentado el duelo.
También recordó que Jennifer era el centro de su hogar y que, pese a las dificultades que habían atravesado como pareja, sentía un profundo amor por ella. Se conocieron cuando eran niños, en el colegio, y construyeron juntos una familia. Tenían planes de viajar a San Andrés para celebrar los 15 años de su hija, un viaje que, según contó, ya habían pagado.
¿Qué se sabe de la investigación por la muerte de Jennifer García?
En la entrevista, Cantor afirmó que, tras la muerte de Jennifer, la Policía detuvo a las personas que estaban relacionadas con el procedimiento. Según su relato, posteriormente fueron dejadas en libertad mientras avanzaban las diligencias y se esperaba el resultado de Medicina Legal.
El esposo aseguró que, de acuerdo con el dictamen que conoció, la muerte se relacionó con un colapso grave del organismo provocado por las sustancias que le habrían administrado. También señaló que el caso fue registrado como una muerte violenta. Estos aspectos deben entenderse en el marco de su testimonio; las conclusiones oficiales y las eventuales responsabilidades penales corresponden a las autoridades competentes.
Cantor dijo que no conoce el paradero de Juan Jair y que prefiere no hacer afirmaciones que puedan generar malentendidos mientras la Fiscalía adelanta las investigaciones. También contó que el tatuador se ha comunicado con él en algunas ocasiones para preguntar por la familia y por el avance del caso.
Ahora, el esposo de Jennifer espera que se esclarezca qué ocurrió durante el procedimiento y quiénes deben responder por su muerte. “Dios permita pague el que tenga que pagar”, expresó al final de la conversación.
Mientras espera respuestas, Cantor enfrenta el duelo junto a sus hijos y recuerda a la mujer con la que compartió gran parte de su vida. Su petición es que la investigación avance y que las circunstancias de la muerte de Jennifer García sean aclaradas.
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