El suroccidente de Colombia atraviesa una de sus peores crisis de seguridad recientes, marcada por una escalada de atentados que ha dejado un saldo trágico de víctimas civiles y militares. En el centro de esta tormenta se encuentran las disidencias de las Farc, estructuras criminales que han sembrado el terror en los departamentos de Cauca y Valle del Cauca mediante el uso de carros bomba, drones con explosivos y ataques directos a la infraestructura vial.
Las autoridades han identificado a los principales cabecillas de estas organizaciones, quienes son señalados como los cerebros detrás del caos que hoy asfixia a la región. En la cúspide de esta estructura criminal se encuentra Iván Mordisco, máximo jefe de las disidencias de las Farc, bajo cuyo mando operan las subestructuras responsables de los ataques más sangrientos.
Los secuaces de Mordisco
Sin embargo, la operatividad en el territorio recae sobre el Bloque Jacobo Arenas, considerado el grupo más violento de la zona y liderado por alias Marlon. ‘Marlon’ es catalogado por el Gobierno como el principal cabecilla de este bloque; su peligrosidad es tal que el Ministerio de Defensa ofreció una recompensa de hasta 5.000 millones de pesos por información que permita su captura.
Bajo las órdenes de ‘Marlon’ opera una red de comandantes de frente que ejecutan la estrategia de terror. Uno de los nombres más relevantes en la reciente escalada es alias Jairo Ramírez, actual cabecilla del Frente Jaime Martínez. A Ramírez se le atribuye la responsabilidad directa del atroz atentado en el sector de El Túnel, en la Vía Panamericana (Cajibío), donde la explosión de un cilindro en un bus dejó al menos 20 personas fallecidas y 38 heridas.
Además de los ataques, este criminal controla las rutas del narcotráfico en municipios estratégicos del Pacífico como Suárez, Buenos Aires y López de Micay. Otro actor clave en este asedio es alias Vitongo, también conocido como alias David o Mipez, quien comanda el Frente Dagoberto Ramos. Este delincuente ha focalizado su accionar en las zonas limítrofes entre Cauca y Huila, donde coordina homicidios, extorsiones y el reclutamiento forzado de menores. Se le señala de ordenar la activación de una motobomba en Suárez en junio de 2025, un acto de retaliación por operaciones militares previas.
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Por su captura, al igual que por la de otros mandos medios, se ofrecen recompensas de hasta 1.000 millones de pesos.
En el Cañón del Micay, una zona de alto valor estratégico para las rentas ilícitas, el mando lo ejerce alias Farley, cabecilla de la compañía Jason Cardona de la estructura Carlos Patiño. Su área de influencia principal es el corregimiento de El Plateado, donde estas disidencias han arraigado su poder mediante campos minados y hostigamientos constantes.
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Asimismo, en zonas rurales y limítrofes, ha surgido el nombre de alias Mónica, una cabecilla de la estructura Jaime Martínez que recientemente amedrentó a la comunidad de Timba, amenazando con la instalación de explosivos en escuelas y prohibiendo la apertura de comercios.
Según analistas y autoridades, esta ofensiva de ‘Marlon’, ‘Jairo Ramírez’ y ‘Vitongo’ no es un acto desesperado, sino una estrategia articulada. Estos grupos utilizan el terrorismo como un "chantaje político" para presionar al Gobierno a retomar mesas de negociación y ceses al fuego que les permitan consolidar su control territorial y económico.
Mientras tanto, la población civil en ciudades como Cali y Palmira vive bajo la zozobra de ataques con carros bomba en guarniciones militares y el uso intensivo de drones ofensivos, una táctica que estas estructuras han perfeccionado para evadir el control estatal.
La Fiscalía General de la Nación informó que dispuso de sus capacidades investigativas, técnicas, científicas y de análisis para identificar y lograr la judicialización de los responsables de la escalada terrorista de las disidencias de las Farc contra la fuerza pública y la población civil en Cauca y Valle del Cauca.
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