La desaparición de María Camila Díaz Grajales, una joven de Medellín de 25 años, se ha convertido en uno de los casos más emblemáticos de la crisis de trata de personas que afecta a ciudadanos colombianos en México. Lo que comenzó como una búsqueda de mejores oportunidades económicas terminó en una pesadilla de explotación y un misterio que, tras más de un año, comienza a arrojar nuevas luces debido a hallazgos recientes en la investigación.
El rastro de María Camila se remonta a finales de 2024. Según el testimonio de su hermana Cristina, la joven, que estudiaba mercadeo, vivía de forma independiente desde octubre de ese año. Para el 4 de diciembre de 2024, la joven informó a su familia que viajaría a México esa misma noche.
Inicialmente, alegó que iría con una agencia de marketing para impulsar una marca de whisky; sin embargo, ante las sospechas de su hermana, terminó confesando que trabajaría en un restaurante donde recibiría propinas en dólares. Así las cosas, María Camila ingresó a México el 7 de diciembre de 2024 a través del aeropuerto Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (Aifa) en las afueras de la capital de ese país.
La realidad que encontró fue drásticamente distinta a la prometida: las investigaciones revelaron que fue obligada a ingresar en una red de explotación sexual controlada por organizaciones criminales transnacionales. Al negarse a continuar con estas actividades e intentar regresar a Colombia, comenzó a ser objeto de extorsiones y amenazas contra su integridad, según denunciaron los familiares.
El evento crítico ocurrió el 26 de febrero de 2025. A las 3:38 de la tarde, María Camila fue captada por una cámara saliendo de su residencia para tomar un Uber con destino al Hotel Radisson, al sur de Ciudad de México, para cumplir con un supuesto "servicio". Esa fue la última vez que se tuvo registro visual de ella.
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La alerta se encendió el 28 de febrero de 2025 cuando su novio en Medellín contactó a Cristina preocupado porque no había hablado con ella en dos días. Ante la falta de avances oficiales iniciales, Cristina viajó a México a finales de marzo de 2025 para realizar sus propias pesquisas, descubriendo que las cámaras del hotel donde se vio a Camila por última vez solo guardaban registros por siete días y que, extrañamente, la minuta de visitantes había desaparecido
Nuevos hallazgos en la investigación
Recientemente, la investigación dio un giro significativo con la captura de un hombre conocido como alias Edgar. Las autoridades colombianas lo señalan como el responsable de contactar directamente a María Camila, engañarla con falsas promesas de empleo y facilitar su traslado a México. Este arresto, de acuerdo con las autoridades, es fundamental, ya que se le vincula con la red que habría entregado a la joven a grupos criminales.
Otro hallazgo relevante y preocupante involucra al entorno cercano de la víctima en Colombia. Se ha identificado que el novio de María Camila en Medellín recibió giros por montos superiores a los 30 millones de pesos colombianos enviados por ella mientras estaba en México. Su aparente pasividad mientras recibía estas sumas, a pesar de conocer el sufrimiento de la joven, lo ha puesto bajo la lupa de los investigadores y de la familia de la mujer.
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“Me dice: ella está sufriendo y llorando, pero aún así se queda campante en Colombia recibiendo el dinero. Fueron más de 30 millones de pesos”, contó la hermana de la desaparecida en una entrevista con Los Informantes, de Caracol.
A pesar de los rumores que circularon en medios sobre el hallazgo de un cuerpo sin vida en Ciudad de México, los abogados de la familia han desmentido categóricamente estas versiones, afirmando que, ante la falta de pruebas en contrario, la mantienen en su búsqueda con vida. De hecho, la captura de alias Edgar, además, renueva la esperanza de obtener información precisa sobre el paradero de María Camila.
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