Los cuatro astronautas de la misión Artemis II amerizaron el viernes, tal como estaba previsto, frente a la costa de California, tras culminar una misión de prueba alrededor de la Luna ejecutada a la perfección, según la NASA, medio siglo después del programa Apolo.
(Lea: Los momentos históricos que dejó la misión Artemis II en el regreso del ser humano a la Luna)
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"Houston, aquí Integrity. Los recibimos fuerte y claro", anunció el comandante Wiseman luego de superar la fase más peligrosa de la entrada en la atmósfera, a más de 38.000 kilómetros por horas. El comandante retomó el contacto con el centro de control de la misión en Houston, poco después de un breve pero angustioso apagón de comunicaciones durante su reingreso. “!Qué viaje. Estamos estables!”, agregó, e informó un código "green" para los cuatro miembros de la tripulación, que significa que estaban en buenas condiciones.
Después de despegar desde Florida el 1 de abril, los estadounidenses Reid Wiseman, Christina Koch y Victor Glover, junto con el canadiense Jeremy Hansen, se aventuraron más lejos en el espacio que ningún ser humano antes. Regresaron con cientos de gigabytes de datos del primer viaje lunar desde la última misión Apolo en 1972.
El regreso de los astronautas a la Tierra tras una misión espacial no es solo un hito logístico, sino un proceso biológico complejo. La exposición a un ambiente hostil como el espacio provoca que casi todos los órganos y sistemas sufran transformaciones significativas debido a la falta de gravedad y la exposición a la radiación. Camilo Muñoz, médico residente en la especialización en medicina aeroespacial de la Universidad Nacional, cuenta en Noticias Caracol uno a uno los cambios principales que experimentan estos viajeros espaciales:
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Sistema cardiovascular y redistribución de fluidos
Uno de los efectos más inmediatos es la alteración en el sistema cardiovascular. En la Tierra, la gravedad empuja los fluidos hacia las extremidades inferiores; sin embargo, en el espacio, toda la sangre se desplaza hacia la cabeza y el tórax. Al volver a la Tierra, el cuerpo debe readaptarse bruscamente a la distribución normal de la presión sanguínea, lo que puede influir en la presión arterial y la función cardíaca.
Sistema neurovestibular y equilibrio
El regreso implica un desafío para el sistema neurovestibular, encargado del equilibrio y la orientación espacial. Tras días en gravedad cero, donde no existe un "arriba" o "abajo" definido, los astronautas sufren desajustes que afectan su estabilidad al caminar y su percepción espacial una vez recuperan el peso terrestre.
Cambios en la columna vertebral y estatura
Es una realidad documentada que los astronautas regresan más altos. Esto ocurre porque la columna vertebral está compuesta por discos intervertebrales que, ante la ausencia del peso que soportamos en la Tierra por la gravedad, tienden a expandirse. Esta descompresión vertebral es la responsable del aumento temporal de la estatura.
Pérdida de masa ósea y riesgo de fracturas
El hueso es un tejido vivo cuya formación depende directamente de las cargas mecánicas y el impulso de la gravedad. En el espacio, al desaparecer este estímulo, la masa ósea disminuye, lo que eleva significativamente el riesgo de sufrir osteoporosis y fracturas a largo plazo tras el regreso.
Atrofia muscular
De manera similar a los huesos, los músculos pierden masa y fuerza debido a la falta de uso en un entorno de microgravedad. Para mitigar este efecto, los astronautas deben utilizar dispositivos avanzados de ejercicio físico tanto en la Estación Espacial Internacional como en naves como la Orion para tratar de conservar su capacidad muscular.
Sistema inmune y alteración genética
El sistema inmune sufre una desregulación, lo que hace a los astronautas más susceptibles a enfermedades. Además, la radiación espacial impacta directamente en el ADN, lo que puede provocar un envejecimiento biológico acelerado a nivel celular, aunque visualmente puedan lucir jóvenes debido a las estrictas actividades de mitigación y protección durante la misión.
Cambios específicos en mujeres
En el caso de las astronautas, se ha observado una desregulación en el ciclo menstrual. Este cambio se vincula a la alteración del ciclo circadiano (el ritmo biológico de luz y oscuridad) y la distorsión de la percepción del tiempo y los meses mientras se está en el espacio.
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Finalmente, es importante destacar que los astronautas no son dejados a su suerte; cuentan con sistemas de mitigación y un entrenamiento exhaustivo antes, durante y después de las misiones para facilitar la recuperación de estas alteraciones físicas. Cada misión, como la Artemis II, funciona como un laboratorio en tiempo real para entender mejor estos efectos y preparar futuros viajes de larga duración.
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