Son muchos los crímenes en el mundo que se quedan sin resolver, pero muchos también los que logran justicia años después gracias a alguien que nunca perdió la fe. En Nagoya, Japón, un hombre decidió desafiar el paso del tiempo y arriesgar su economía para preservar una escena de un asesinato que ocurrió en 1999.
Se trata Satoru Takaba, un hombre que perdió a su esposa en un ataque brutal y decidió dedicar su vida y su dinero a una búsqueda incansable por justicia hasta que la tecnología logrará descifrar la verdad de lo ocurrido, algo que la policía de finales del siglo XX no pudo ver.
¿Qué fue lo que ocurrió?
Los hechos ocurrieron el 13 de noviembre de 1999, cuando la vida de los Takaba se quebró. Namiko Takaba, de 32 años, fue hallada muerta en su hogar en el barrio Nishi de Nagoya. Las autoridades determinaron que la mujer había sido apuñalada repetidamente en el cuello y otras partes del cuerpo.
En la escena también encontraron a su hijo Kohei, de apenas dos años, quien estaba ileso junto al cuerpo de su madre.
La policía científica recolectó muestras de sangre en la sala y el baño, determinando que la asesina era probablemente una mujer de entre 40 y 60 años. Sin embargo, a pesar de encontrar restos hemáticos de la agresora (del grupo sanguíneo B) en el lavamanos, los investigadores no tenían un perfil genético con el cual compararlos en aquel entonces.
La decisión del esposo
En 1999 las herramientas de las autoridades para dar con la responsable eran precarias, por lo que Satoru tomó una decisión que hoy en día es noticia y ejemplo de amor. El hombre tomó a su hijo y salió de casa; sin embargo, pagó por más de 20 años la renta de ese apartamento con la intención de mantener la escena del crimen intacta. De esta manera, si la tecnología de la policía avanzaba, siempre podrían volver al lugar para recolectar nuevas pruebas.
Durante 26 años, el hombre pagó religiosamente el alquiler y se estima que en total, desembolsó aproximadamente 143.000 dólares (22 millones de yenes) para que nada cambiara.
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Satoru se negó a limpiar las manchas de sangre, a mover los muebles o incluso a recoger objetos cotidianos como fideos sobre la mesa y una mandarina a medio pelar que quedaron como testigos mudos del ataque relámpago. Esta "cápsula del tiempo" no solo servía para conservar pruebas, sino para ejercer presión sobre las autoridades, recordándoles que el caso seguía abierto en el corazón de ese edificio.
Pero no solo luchó con su billetera, sino también en el ámbito legislativo. En aquel entonces, los crímenes en Japón prescribían después de 15 años, entonces el viudo se unió al grupo Sora no kai para presionar por reformas legales. Su esfuerzo dio frutos en 2010, cuando Japón eliminó totalmente los plazos de prescripción para homicidios que conllevan la pena de muerte, aplicando la medida de forma retroactiva a casos vigentes, como el de Namiko.
¿Quién era el culpable del asesinato?
La resolución llegó finalmente en octubre de 2025. Gracias a los avances en el análisis de ADN, la policía de Aichi logró identificar a la responsable: Kumiko Yasufuku, una mujer que para el momento de su detención tenía 69 años.
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Yasufuku no era una desconocida; había sido compañera de secundaria de Satoru y miembro del mismo club de tenis. Las investigaciones revelaron que la mujer estuvo obsesionada con el hombre desde la adolescencia, pero él siempre la rechazó. Cinco meses antes del crimen, ambos coincidieron en una reunión de exalumnos donde ella obtuvo detalles sobre sus horarios, planeando el ataque contra Namiko como una venganza.
En marzo de 2026, Yasufuku fue imputada por el crimen, pero la justicia aún debe determinar su estado psiquiátrico para el juicio programado para finales de 2026 o principios de 2027. Satoru y su hijo Kohei, quien ya tiene 28 años, enfrentan una última batalla en su demanda civil contra la asesina porque por ley las compensaciones económicas suelen extinguirse tras 20 años del crimen.
MARÍA PAULA GONZÁLEZ
PERIODISTA DIGITAL
mpgonzal@caracoltv.com.co