Este miércoles 7 de enero, la Casa Blanca insistió nuevamente en su propuesta de adquirir Groenlandia, sin descartar la posibilidad de recurrir a la alternativa militar en caso de que la diplomacia resulte inefectiva. Aquel territorio de 2,1 millones de kilómetros cuadrados, con apenas 57.000 habitantes, continúa siendo una de las prioridades del presidente Donald Trump, quien desde su primer mandato ha subrayado la necesidad de integrar esta región ártica por razones de seguridad y estrategia geopolítica. No obstante, más allá de los argumentos expuestos, la intención de anexar dicha isla escondería un trasfondo aún más complejo que podría ser determinante para el porvenir de la potencia norteamericana.
A simple vista, estas codiciadas tierras parecen poco atractivas: dependen directamente de los ingresos de la pesca y de la asistencia económica que Dinamarca —reino al que pertenecen— les asigna anualmente, cubriendo cerca de la mitad del presupuesto local. Sin embargo, pese a esta aparente subordinación financiera, bajo sus espesas capas de hielo yacen riquezas minerales que pocos lugares en el mundo albergan. Esta realidad, afirman analistas internacionales, convierte a Groenlandia en esa gallina de los huevos de oro capaz de garantizar a EE. UU. la continuidad de su hegemonía económica, militar y tecnológica durante las próximas décadas.
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La situación volvió a ser tendencia tras la reciente operación del Gobierno de Trump en territorio venezolano, que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa. Este acto, considerado violatorio del derecho internacional por diversos expertos, avivó la tensión sobre la posibilidad de que Washington decida tomar la isla danesa por la fuerza sin mayores consecuencias. Incluso provocó que diferentes naciones europeas respondieran con firmeza, enfatizando que este preciado territorio no está a la venta y pertenece, legítimamente, al Estado danés.
Para comprender los factores que convierten a esta isla ártica en un objeto de deseo para las potencias actuales, es necesario analizar una serie de elementos fundamentales a profundidad. Aspectos como la ubicación geográfica, la riqueza mineral y el fenómeno del calentamiento global —que amenaza con derretir los glaciares de todo el mundo— inciden drásticamente en la relevancia de esta vasta superficie de hielo.
Geopolítica y rutas estratégicas
En diversas ocasiones, el presidente Trump ha declarado que su intención de anexar Groenlandia no responde únicamente a su valor mineral, sino al enclave geográfico en el que se sitúa. En términos de seguridad, la zona posee una importancia estratégica para el Ejército estadounidense, ya que en dicha región se encuentra la ruta más corta entre Europa y Norteamérica. Asimismo, el deshielo proyectado para el futuro abriría nuevas vías marítimas cruciales para el comercio y el despliegue de embarcaciones bélicas.
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Bajo esta lógica, la administración estadounidense ha sostenido (sin aportar pruebas concluyentes) que en la zona ártica existe presencia de navíos chinos o rusos, y que el control de EE. UU. en el área sería vital para disuadir tales incursiones. "El presidente ha sido muy franco con el mundo al afirmar que considera fundamental para los intereses nacionales disuadir la agresión rusa y china en la región del Ártico; por ello, su equipo debate actualmente cómo podría ejecutarse una posible compra", afirmó Karen Leavitt, portavoz de la Casa Blanca.
Por su parte, Dinamarca se opone a este argumento señalando que, en la actualidad, Estados Unidos ya posee permisos de presencia militar en la isla mediante la base aérea de Thule —ahora denominada Pituffik Space Base—, a través de la cual puede desempeñar sus labores de vigilancia y seguridad.
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Riqueza mineral y tierras raras
Otra característica fundamental de Groenlandia es su rico subsuelo. Aunque gran parte de la superficie esté cubierta por el manto nival, la isla posee una enorme variedad de materias primas fundamentales para la industria tecnológica y de defensa. En esta tierra se pueden hallar yacimientos de uranio, gas natural, petróleo, cobre, grafito, níquel y oro. A esto se suman vastas reservas de tierras raras, que posicionan al territorio danés como el mayor depósito mundial de este tipo de recursos.
Actualmente, el Gobierno groenlandés mantiene suspendida la explotación de gran parte de estos minerales por motivos ecológicos y de protección medioambiental. Pese a ello, y aunque Washington no lo reconozca abiertamente, esta también podría ser una de las motivaciones principales de la insistencia de Trump. Cabe precisar que el presidente número 47 de EE. UU. no ha sido el primero en plantear esta adquisición; desde el siglo XIX, diversos políticos estadounidenses han intentado, sin éxito, comprar o adquirir el territorio.
Calentamiento global: la bomba de tiempo
Aproximadamente el 80% de Groenlandia está cubierto por una capa de hielo perenne. Sin embargo, los efectos del cambio climático ya se perciben en la región, provocando el descongelamiento de una porción considerable de la masa glaciar en años recientes. Un estudio del Reino Unido demostró que, entre 2010 y 2023, la isla perdió cerca de 2.347 kilómetros cúbicos de agua dulce. Esta preocupante situación no solo elevaría el nivel del mar globalmente, amenazando a cientos de ciudades costeras, sino que también habilitaría rutas de navegación en un punto neurálgico del planeta.
Este retroceso del hielo está volviendo accesibles zonas del Ártico que antes eran inexplorables, facilitando potencialmente la extracción de los minerales más codiciados de la era moderna.
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JULIÁN CAMILO SANDOVAL
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