El proceso penal por la desaparición y muerte de Yulixa Toloza reveló una red de encubrimiento en torno al crimen de la mujer de 52 años, quien murió luego de someterse a una cirugía estética en un centro estétilo ilegal de Bogotá. La Fiscalía General de la Nación fundamenta su acusación contra Kelvis Daniel Sequera Delgado y Jesús Alberto Hernández Morales basándose en pruebas técnicas, testimoniales y confesiones voluntarias que sugieren su participación directa en el intento de desaparecer la evidencia principal del crimen: el vehículo Chevrolet Sonic de placas UCQ340.
Uno de los pilares probatorios más contundentes son las conversaciones de WhatsApp y archivos digitales entregados voluntariamente por los propios acusados en el marco del Mecanismo de Búsqueda Urgente (M.B.U.). Según el escrito de acusación, estas comunicaciones prueban que ambos recibieron instrucciones precisas de María Fernanda Delgado y Edinson Torres para "ubicar, recoger movilizar, transportar y ocultar" el automóvil involucrado. Las pruebas indican que Sequera recibió 400 dólares y Hernández 800.000 pesos colombianos por ejecutar estas tareas.
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La Fiscalía resalta que las órdenes dadas a los acusados incluían medidas de seguridad extremas para evitar ser detectados por las autoridades. El escrito cita textualmente la instrucción recibida por Hernández de que “cuando fueran a recoger el vehículo, tantas veces descrito, se taparan sus caras con un tapabocas, se pusieran gorras -a fin de no poder ser reconocidos posteriormente- y que fueran muy rápido por el mismo y que miraran para todos lados".
Además de las pruebas digitales, existe el testimonio de Yaneth Montagut Guerrero, quien custodiaba el vehículo en su garaje en Cúcuta. La evidencia física demuestra que los acusados tenían un "poder de disposición funcional" sobre el bien, pues poseían las llaves y el control remoto. La Fiscalía describe el momento de la ubicación del carro de la siguiente manera: "En el momento en el que Kelvis Sequera activa el control del carro -él lo tenía- las luces del mismo se activan y así supieron que se trataba del vehículo que debían recoger y guardar en otro sitio".
El conocimiento del crimen por parte de los acusados es otro punto clave. A pesar de que Hernández fue advertido por su hermano sobre las noticias masivas que vinculaban a su sobrina, María Fernanda Delgado, con la desaparición de Yulixa Toloza en su clínica estética, ambos "persistieron en su misión". La Fiscalía sostiene que sabían que el vehículo era una pieza fundamental de una investigación por delitos graves, ya que en su interior se trasladó la "humanidad de la señora Yilixa Toloza Rivas" y contenía evidencias como fragmentos de pelo humano y huellas digitales.
Finalmente, la Fiscalía cuenta con la incautación de sus teléfonos celulares (un Redmi de Hernández y un Samsung Galaxy de Sequera), los cuales se consideran elementos materiales probatorios esenciales para reconstruir el seguimiento de las órdenes recibidas desde Venezuela. Para el ente acusador, los actos desplegados por Sequera y Hernández no fueron casuales ni desistidos voluntariamente, sino que se vieron "interrumpidos por la acción oportuna de las autoridades".
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Por todo lo anterior, a los dos detenidos se les acusa como coautores de los delitos de Favorecimiento Agravado y Ocultamiento, Alteración o Destrucción de Elemento Material Probatorio, argumentando que su intención era "sacar de la órbita de la acción del Estado" un vehículo con una "evidente capacidad demostrativa" respecto al homicidio y desaparición de Toloza.
CAMILO ROJAS, PERIODISTA NOTICIAS CARACOL
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