El accidente del pasado lunes 23 de marzo en Puerto Leguízamo, Putumayo, en el que cayó un avión Hércules C-130, dejó 69 uniformados fallecidos. Sin embargo, gracias a la oportuna reacción de la comunidad, otros 57 lograron ser rescatados con vida. (Lea también: El impactante relato de sobrevivientes a accidente de la FAC: "Vimos compañeros quemarse vivos")
Noticias Caracol logró hablar con cuatro de ellos, que pese a las heridas que sufrieron y los recuerdos que nunca los abandonarán, encontraron el coraje para narrar lo que vivieron dentro de la aeronave que, en cuestión de segundos, cambió para siempre sus vidas.
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Quienes contaron esa historia y también hablaron un poco de ellos mismos son: el cabo primero William Stiven Enríquez Rosero, comandante de Pelotón Berlín 1; el cabo tercero Pedro Alejandro Mendoza Rodríguez, comandante de escuadra Berlín 2; el dragoneante Fabio Muñoz Morales, de la compañía Canadá 1, y el cabo primero Jairo Armando Bravo, comandante escuadra.
“Un golpe muy fuerte… todo fue cuestión de segundos”
Los cuatro coinciden en algo, se escuchó un ruido muy fuerte. El cabo Enríquez dijo al despegar “íbamos ya todos felices, con ganas de ir a ver a nuestras familias, el avión está bien”. Sin embargo, continuó, “recuerdo que escuché un sonido nada más y cuando sentí algo que como que no estaba bien, todo el mundo se alcanzó a ver como la cara. Vi gente que se empezó como a preocupar, eso fue en cuestiones de segundos. Lo único que pensé fue, aquí va a pasar algo. Lo único que decía era ‘Dios mío, permítame volver a ver a mi familia’. Cuando dije eso, ya solo sentí que todo estuvo negro en ese momento”. (Lea también: La historia detrás de la última foto tomada dentro del avión que se accidentó en Puerto Leguízamo)
El cabo Mendoza también dijo que fue luego de que el avión despegó que oyó “ese fuerte sonido. Yo lo escucho en la parte de abajo y nos sorprende un poco. Nos miramos y por ahí unos 2 segundos paró, pero posterior a eso volvió a sonar más fuerte junto al ala y ya es cuando empezó una turbulencia fuerte hacia el impacto. Todo fue en cuestión de segundos”.
El dragoneante Muñoz habló de “dos sonidos muy fuertes en la parte de atrás. El avión al despegarse sintió un golpe muy fuerte y nos pareció que eso era algo normal, cuando al ratico, a los dos o cinco segundos volvió y se sintió, y ya el avión empezó a perder altura. En mí yo pensé ‘aquí no está pasando algo bueno’. Cuando fue que, en cuestión de segundos, el avión comenzó a descolgar para el suelo, cuando menos pensé fue que el avión se empezó a caer y a llevarse árboles y a sentirse ya el estruendo, el choque. Fue algo muy duro al sentir usted ese vacío que iba para el suelo”. (Lea también: Nuevas pistas de accidente aéreo en Putumayo: video clave de avión golpeando árbol antes de caer)
“Me decían ‘mi cabo, no me deje morir’”
Los momentos que cada uno vivió tras la caída del avión serán imborrables en sus memorias.
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El cabo Enríquez cree que “Dios me cubrió, me metió en una burbuja. Cuando traté de reaccionar, Dios me puso un huequito del avión cuando se partió, donde pude subir y saltar del avión ahí y caer como en una parte donde pude arrastrarme, llegar hasta una casita donde los campesinos de Puerto Leguízamo me ayudaron, me subieron una moto y me llevaron hasta el hasta el hospital”.
Dijo que en medio del caos “escuchaba ya los gritos, eso es lo único. Yo quería sobrevivir y quería que todos estuviéramos bien, que todos estuviéramos completos, todos queríamos ir a ver a nuestras familias, ese era nuestro anhelo”.
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Entretanto, el cabo Bravo detalló que quedó “atrapado en medio de las latas, no podíamos salir. Estaba con el señor cabo tercero Mendoza Pedro. Hubo un momento en que Dios nos bendijo, el avión hizo como una explosión, la lata se levantó, me pude salir y pudo salir mi suboficial y otro soldado que se me salvó también. La verdad es muy feo porque nosotros miramos compañeros de nosotros o gente de mi pelotón o mi compañía, verlos quemar vivos y no poder hacer absolutamente nada”.
Reveló que fue “una de las personas que quedó consciente en el instante del impacto con mi suboficial, el cabo tercero Mendoza Pedro. Yo no iba a informar a mi casa, no iba a informarles nada porque la verdad es un momento de dolor y la verdad cualquier familia se va a preocupar. En medio de mí yo estaba bien y traté de ayudar a las personas que estaban pidiendo auxilio, mi segunda familia. Y me decían ‘mi cabo, no me deje morir’. Para mí fueron mis hijos, mis hermanos. Ahí falleció el curso mío, el cabo primero Rincón Machado”.
“Tenemos que aceptar que ellos ya no se encuentran con nosotros”
El dolor por la pérdida de sus compañeros es más fuerte que el de sus heridas y, lamentablemente, será eterno.
El cabo Enríquez recordó a los hombres del pelotón Berlín, muchos de los cuales fallecieron allí. Aseguró que “siempre nos ganábamos el cariño de la población civil. Tratamos de dar lo mejor de sí. Cada uno de los soldados eran excelentes personas. Todos querían siempre salir adelante, tener un hogar, tener una familia, estaban todos proyectados, era un buen pelotón y lastimosamente pasó este suceso”.
Y añadió que “así estemos preparados para lo que sea siempre hay un dolor y más cuando hay pérdidas de vida. Podría ser yo, pero también cualquier otro compañero, pero atrás de cada hombre que pertenece a la fuerza pública también hay una historia, una familia, que es lo que uno lucha, lo que uno construye”.
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El dragoneante Muñoz que confía en que a sus compañeros “Dios los tiene en un mejor lugar descansando, y donde quiera que ellos estén van a cuidar de sus familias, de nosotros”. Y dijo que los recordará “por lo buenas personas que eran, las historias que ellos le contaban a uno, ‘es que yo me quiero pensionar, es que yo cuando me pensione quiero conseguir mi finquita, me quiero casar, disfrutar la pensión con mi mujer, con mi hijo, tener mis cultivos, trabajar honradamente’. Uno siempre debe quedarse con lo bueno que ellos le enseñaron a uno”.
El cabo Bravo les envió un mensaje a las familias de las víctimas, aseverando que “bajo mi mando tuve unos excelentes soldados que todo el tiempo pensaban en el proceso de su familia, en sacarlos adelante, en darles lo necesario para el día de mañana que todos fueran profesionales y educarlos”.
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“Me llevo en mi corazón este amargo recuerdo, pero también me llevo todos esos buenos momentos vividos con ellos. Eran excelentes soldados, eran excelentes personas, excelentes padres de familia, excelentes hermanos, excelentes hijos, donde llegábamos nos ganábamos siempre el cariño de la población civil”, expresó por su parte el cabo Mendoza.
Gratitud con Puerto Leguízamo
Todos insistieron en agradecer a la comunidad que les salvó la vida. El cabo Bravo sostuvo que aunque “es un municipio en conflicto, nos colaboraron de la mejor manera y gracias a ellos nos pudimos salvar más de uno”.
El dragoneante Muñoz se desbordó en palabras de agradecimiento “a esa gente que se portó muy bien con nosotros y gracias a ellos hoy estamos aquí para contar la historia, porque nos ayudaron, nos auxiliaron, nos ayudaron a llevar hasta el hospital, porque cuando yo salí del avión salí muy mareado, con mucho dolor de cabeza, muy aporreado, no podía caminar. Caminé unos 10, 15 pasos, alejándome del avión por las llamas, el calor, me desplomé, me caí, me desmayé y cuando volví en mí sentía que me estaban arrastrando; cuando miré a ver, que reaccioné, era la gente muy buena, la gente de allá que me prestaron esos auxilios, y agradecerles mucho a los compañeros también que le daban a uno fuerza, que decían, ‘fuerza, para adelante, que de esta vamos a salir, hagámosle’, y gracias a las voces de ellos, a las voces de aliento, pudimos también sacar ese valor, ese carácter, esa fuerza y seguir para adelante”.
El cabo Mendoza, con la voz entrecortada, solo pudo decir: “Muchas gracias a todas las personas del municipio de Puerto Leguízamo”.
Y el cabo Enríquez agradeció a la comunidad de ese municipio y, en particular, “a ese campesino que me vio arrastrándome y me levantó; le agradezco, gracias por tener ese valor, ese coraje de sin importar nada lo que pase sacrificarse por mí. Gracias Puerto Leguízamo, gracias a la comunidad, gracias por todos los mensajes de apoyo de todos los colombianos. Siempre se ve que cuando pasan cosas, Colombia es un país siempre unido. Y a mi pueblo, mi municipio, mis amigos, todos mis conocidos, mis cursitos, muchas gracias por sus mensajes de aliento, por preocuparse, y a mi familia”.
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