Rock al Parque cumple 30 años desde su primera edición a mediados de los años noventa. Desde entonces, el festival que nació a raíz de la necesidad de la escena rock nacional de encontrar espacios para compartir su talento e inconformidades ha recorrido un camino lleno de retos y logros que lo han convertido en el evento cultural de música en vivo gratuito más grande de Latinoamérica. Además, también es una política pública de acceso a la cultura y en un laboratorio de memoria colectiva intergeneracional.
Detrás de la arquitectura musical del evento se encuentra Héctor Mora, curador y programador del festival, quien ha atestiguado y liderado distintas etapas de esta plataforma pública desde el antiguo Instituto Distrital de Cultura y Turismo hasta el actual Instituto Distrital de las Artes (Idartes). Para Mora, el origen de esta fiesta colectiva responde a una necesidad que no ha desaparecido, la de ofrecer un punto de encuentro donde las bandas distritales puedan darse a conocer, tejer redes de trabajo y habitar el espacio público.
El arranque de Rock al Parque en Bogotá
A mediados de los 90 Bogotá se planteó convertirse en el terreno idóneo para la adopción del rock y sus vertientes más pesadas. De acuerdo con el curador, la migración constante hacia el centro del país trajo consigo una diversidad de sonidos que encontraron en la capital un receptor natural. "Bogotá, al ser una ciudad tan grande y a veces deshumanizada en sus trayectos, un poco fría y no muy sensible, resulta ser el caldo de cultivo perfecto para hacer rock and roll y metal. Sencillamente la gente encontró un punto de encuentro y comenzó a asistir y a crecer con el festival", resaltó Héctor Mora en diálogo con Noticias Caracol.
La historia del festival ya hace parte de la idiosincrasia de casi tres generaciones de asistentes y su impacto ha trascendido de la etiqueta de "evento musical" a convertirse en un tema de conversación de ciudad, donde la vivencia de ir al Parque Simón Bolívar, debatir sobre los actos en tarima y disfrutar de una logística de escala internacional de manera gratuita genera un sentido de pertenencia inigualable. "La gratuidad ha despertado un sentido de igualdad en una ciudad que deja de ser exclusiva de ciertos sectores o estratos. Ratifica ante muchos que es un evento que presenta condiciones de igualdad en su acceso para los ciudadanos", sostuvo Mora.
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El curador resaltó que esta política rompe las brechas impuestas por el show business tradicional, donde los costos elevados de boletería limitan la participación del público general. En el parque, el público accede a propuestas internacionales de alto calibre que de otro modo nunca habrían pisado el país, mientras que las bandas extranjeras experimentan el impacto de tocar ante audiencias masivas de hasta 80.000 personas en un entorno libre y diverso.
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Los cambios de Rock al Parque y lo que hace parte de su identidad
Para construir un cartel equilibrado que conecte a quienes vivieron el festival en los años 90 con los nuevos públicos jóvenes, Mora enfatizó que existen pilares innegociables: la gratuidad y la convocatoria pública para las agrupaciones distritales, dos cosas que para Rock al Parque son fundamentales para seguir en pie y que no se piensan modificar. Por otro lado, la programación sí ha sabido transformarse. "El mundo del rock es amplio y generoso. No es lo mismo el rock clásico de los años 70 al post-rock, el post-hardcore, el shoegaze o el indie alternativo que han cobrado tanta fuerza en la última década. La mejor curaduría para el arte es el tiempo, y hay que entender que las formas de decir las cosas cambian y los sonidos se transforman", aseguró
A lo largo de sus 30 ediciones, Rock al Parque ha superado momentos críticos, cambios de administraciones distritales y suspensiones por fuerza mayor como emergencias climáticas o la pandemia. No obstante, el principal motor que garantiza la longevidad del evento es el compromiso de esas personas que han adoptado el festival como propio y una cita obligada cada año.
De cara a las próximas décadas, Héctor Mora concluyó que la clave para la supervivencia de Rock al Parque radica en el equilibrio entre la innovación institucional y el afecto de los bogotanos: "Para que el festival siga existiendo, la administración debe estar trabajando permanentemente en mejorar la experiencia, y por el lado del público, que no dejen de quererlo. Las discusiones alrededor del cartel son la demostración de que la gente lo quiere y de que es un festival vivo".
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MARÍA PAULA GONZÁLEZ
PERIODISTA DIGITAL
mpgonzal@caracoltv.com.co