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Soacha y Bogotá, ciudades donde llegan miles de víctimas de la violencia en busca de protección

Noticias Caracol conoció algunas historias que son el rostro de un flagelo que se vive en Colombia desde hace décadas y no para. Informe especial.

Soacha y Bogotá, ciudades donde llegan miles de víctimas de la violencia en busca de protección

Bogotá y su vecino, el municipio de Soacha, son los destinos de miles de desplazados por la violencia en Colombia. Kennedy, Ciudad Bolívar, Bosa y Suba son las localidades que albergan a la mayoría de estas personas.

En Soacha, en la comuna cuatro, Noticias Caracol conoció varias historias que son el rostro de un flagelo que se vive en Colombia desde hace décadas y no para.

“Por no compartir las ideas de ellos, un grupo que me llamó y me dijo: ‘Gran hijue… se va o se muere’. Me dieron plazo de tres días y la verdad me tocó arrancar en un camión”, dijo Jorge Enrique Pachón, desplazado por la violencia.

“Los paramilitares, guerrilla y militares, incluidos los falsos positivos. Toda esa clase de artimañas que armaron para poder apoderarse de lo nuestro”, comentó Fredy Enrique Corzo, desplazado por la violencia.

“Me amenazaron, me dieron dos horas para que desocupara, yo cogí mis cuatro nietos y salí de Playa Rica, en el Caquetá”, añadió otra mujer desplazada por la violencia.

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Estas tres personas se vieron obligadas a dejarlo todo, todo lo que habían conseguido con el sudor de su frente. Jorge Pachón llegó en el 2002 a Soacha, Cundinamarca.

“Dejar allá lo mucho y poco que había uno conseguido, el platanito, ocho hectáreas de plátano, una vaquita de ordeño, los marranos”, dijo Jorge.

Soacha alberga 58.663 víctimas del conflicto armado que llegan a este territorio buscando protección. La comuna cuatro, en La Loma, es el principal asentamiento.

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“Diariamente llegan a Soacha entre 20 y 30 familias desplazadas, y a la comuna cuatro está llegando el 50%. Vienen de todas las regiones del país”, señaló Fernando Rivero, edil de la comuna cuatro de Soacha.

Y así como Jorge pachón y con los conocimientos que nadie les puede arrebatar, Fredy Corzo, del pueblo indígena kankuamo, de la Sierra Nevada de Santa Marta, llegó a la "mole de cemento", como le dice a la capital, escapando de la muerte.

“Fue como la ciudad con más seguridad que pude escoger para salvarnos”, agregó Enrique.

Junto a él, unas 200 familias llegaron a Bogotá para no quedar en medio de la guerra de los grupos ilegales que se apoderaron de su territorio.

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“Nos ha tocado luchar solos y aquí solamente hemos tenido el apoyo de las organizaciones indígenas de la ONIC”, dijo José Apolinar, vocero del pueblo kankuamo.

En Bogotá, residen 369.447 víctimas del conflicto armado, una cifra que refleja cómo el desplazamiento es un hecho de gran afectación. Solo entre abril y mayo de 2022 llegaron a la capital 17.047 víctimas.

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“Si una persona que se encuentra en la ciudad de Bogotá se encuentra en una situación de desplazamiento forzado reciente, debe acercarse a los centros de Encuentro para la Paz y Reconciliación para recibir orientación”, informó Diego Peña, alto consejero de Paz de Bogotá.

En cuanto a la pertenencia étnica, cerca de 32.700 son afrocolombianos, cerca de 19.000 son indígenas y 316.000 no pertenecen a ninguna etnia. Y ¿de dónde vienen?, en su mayoría, de los departamentos de Arauca, Valle del Cauca, Chocó, Nariño y Cauca.

Una mujer afrodescendiente ha sido desplazada más de tres veces por grupos al margen de la ley.

“De Buenaventura migré al Caquetá porque la violencia me quitó una hermana”, dijo la señora, explicando que de este departamento también la desplazaron.

Finalmente, el 23 de septiembre de 2004 llegó a Bogotá junto con sus hijas y nietas. “Ahí estuvimos cinco días, dormíamos allí, comíamos, nos llevaban lo que sobraba en los restaurantes. Allí estuvimos cinco días hasta que nos dijeron que fuéramos a una oficina para víctimas”, añadió.

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Y 18 años después sigue en la lucha para salir adelante, en una ciudad que ya se conoce de palmo a palmo buscando ayuda.

“Y cuando uno se viene de su tierra aquí, a esta capital, que es una ciudad tan grande donde uno se pierde, uno extraña su comida, su forma de vida. Yo sufro cuando veo una víctima rondando en las calles bogotanas, porque yo lo viví”, expresó.

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El anhelo más grande de esta mujer es volver al campo y esa misma esperanza la tiene Fredy, otro desplazado del pueblo indígena kankuamo.

“Con 20 años de estar acá en esta mole de cemento, no tengo garantías para retornar y a mí el día que me digan que tengo garantía me voy hasta caminando, hasta a pie me voy”, sostuvo Fredy.

Sin embargo, Jorge Pachón dice que no volvería a Arauca, de donde lo sacaron hace 20 años: “Uno sale marcado. Era un territorio muy lindo, pero a mí me da miedo volver por allá”.

Soacha y Bogotá, ciudades a donde muchos llegan buscando protección y les toca empezar de cero por cuenta del olvido y el sometimiento de sus territorios en manos de criminales que acaban con vidas, sueños y familias.

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