Lo que comenzó como la desaparición de una joven administradora de un bar terminó convirtiéndose en uno de los casos más impactantes de Bogotá. El 7 de enero de 2011, Sandra Viviana Ravelo, de 26 años, desapareció. Ocho días después, su cuerpo fue encontrado en una zona desolada de Ciudad Bolívar.La Fiscalía centró rápidamente la investigación en John Alexander Quintero, novio de la víctima y patrullero de la Policía. Todo apuntaba a una condena de hasta 60 años de prisión, hasta que una nueva revisión de las evidencias forenses cambió el rumbo del caso. El periodista Diego Guauque, de Séptimo Día, reconstruyó la investigación.El peso de la acusación: las pruebas de ADNDesde el inicio del proceso, la Fiscalía construyó su teoría del caso sobre dos pruebas biológicas que parecían irrefutables. En el cuerpo de la víctima se hallaron tres perfiles genéticos, uno de los cuales coincidía con el de su pareja. Además, debajo de las uñas de Sandra se encontró material biológico del uniformado, un hallazgo que los investigadores interpretaron como la prueba de que la víctima lo había arañado mientras intentaba defenderse del ataque.La presión social y mediática fue inmediata. En el ámbito carcelario, Quintero fue apodado con nombres como "Pikachu" o "el descuartizador". Al respecto, el patrullero relató el impacto de pasar de ser un servidor público a un reo señalado por la justicia: "Pasé de en la mañana ser un policía a en la noche ser el bandido más grande de todo Bogotá".Por su parte, la madre de la víctima, Claritza Murillo, expresó en su momento el dolor y el rechazo hacia el Policía: "Demasiada rabia sentía por él y decepción porque yo decía, pero fue algo alguien que yo tuve en mi casa".¿Qué demostró el análisis forense?El caso comenzó a desmoronarse en 2015, cuando el médico forense Aníbal Navarro y un equipo revisaron los folios y la necropsia. Una de las primeras conclusiones que permitió desvirtuar la sevicia fue la causa de las lesiones en el cadáver. Contrario a lo que se informó inicialmente sobre un desmembramiento y quemaduras intencionales, la ciencia determinó que el daño fue causado por agentes externos del entorno rural.El doctor Navarro explicó que los hallazgos en el cuerpo no correspondían a una acción criminal tras la muerte: "No está desmembrado. Son animales que han intervenido y han fragmentado el cuerpo. Y en este caso lo más probable son perros”.Asimismo, se descubrió que las supuestas quemaduras eran en realidad procesos naturales de descomposición mal interpretados debido a que la fotografía forense fue realizada por personal no experto. Según la investigación, quien tomó las imágenes era en realidad una auxiliar de enfermería sin la formación técnica necesaria.La prueba del ADN bajo las uñas, que la Fiscalía presentó como señal de una lucha desesperada, fue analizada bajo una nueva óptica por la genetista Luz Adriana Pérez Sepúlveda. Al observar detalladamente el estado de las manos de la víctima, la experta notó que la evidencia física no respaldaba la teoría del forcejeo: "Las uñas no están rotas. No hay ningún tipo de daño en las manos que sugiera esa lucha".La defensa argumentó que el material genético hallado era mínimo y compatible con la convivencia normal de una pareja, un fenómeno conocido en la ciencia forense como transferencia por contacto cotidiano.El propio Quintero explicó este punto en su defensa: "No era que hubiera arrancado piel... es ADN normal, como cuando tú te sientas en el computador de tu compañero y ya hay ADN tuyo". Esta interpretación cambió el sentido de la evidencia: la presencia de material genético de Quintero no demostraba su participación en el crimen, ya que los análisis concluyeron que dicho rastro provenía de una relación consentida anterior a la desaparición de Sandra.Testimonios que rectificaron la inocencia del policíaOtro factor determinante para la libertad del policía fue la desarticulación del móvil del crimen. La Fiscalía sostenía que Quintero era un hombre posesivo y extremadamente celoso, una percepción que la familia de la víctima compartía. No obstante, los testimonios de amigos cercanos y clientes habituales del bar que Sandra administraba en el barrio Bosa Piamonte desmintieron esa conducta violenta.Adicionalmente, se logró identificar a los hombres con los que Sandra fue vista por última vez. Testigos confirmaron que la joven abandonó el establecimiento comercial en un taxi acompañada por dos sujetos. Uno de ellos era Néstor Yesit Sánchez, quien posteriormente aceptó su responsabilidad mediante un preacuerdo con la justicia tras confirmarse que su ADN también estaba presente en la escena. Sánchez fue condenado, mientras que la identidad del tercer implicado nunca pudo ser establecida por las autoridades.La sentencia absolutoria y las secuelas del procesoTras pasar casi seis años privado de la libertad, entre cárceles como La Picota y detención domiciliaria, un magistrado dictó el fallo que declaró la inocencia de John Alexander Quintero. “Yo siempre tenía una Biblia. Ese día cuando el juez dijo esas palabras, yo me arrodillé y le di gracias a Dios”, aseguró Luz Nidia Giraldo, madre del patrullero. “Esa fue esa primer Navidad otra vez en casa. Fue ver otra vez a mi familia reunida, volver a estar con todos, ver que tenía el apoyo de mi familia”, recordó John Alexander Quintero, conmovido.A pesar de la decisión judicial, el estigma social persiste para Quintero, quien ha manifestado dificultades para reinsertarse en la vida laboral debido a sus antecedentes judiciales, llegando a ser rechazado en decenas de empresas. Por otro lado, la familia de Sandra Viviana Ravelo mantiene su postura de desconfianza frente al veredicto. Claritza Murillo reafirmó su convicción tras conocerse la libertad del expolicía: "No, que diga la verdad, que diga el por qué. ¿Para qué lo hizo con esas personas? Porque él sabe que él fue".El caso de Sandra Viviana Ravelo terminó convirtiéndose en mucho más que una investigación por feminicidio. También abrió un debate sobre el alcance de la evidencia forense, la interpretación de las pruebas científicas y las consecuencias que puede tener una investigación cuando los hallazgos son cuestionados años después. Mientras la familia de la víctima sigue reclamando justicia, John Alexander Quintero intenta reconstruir una vida marcada por un estigma que, asegura, aún no desaparece.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
El 7 de enero de 2011, la vida de Sandra Viviana Ravelo, una joven de 26 años y administradora de un bar en Bogotá, se apagó en circunstancias que estremecieron al país. Lo que inició como una búsqueda desesperada por parte de su hermano y su novio, ambos miembros de la Policía Nacional, terminó en un hallazgo macabro en una zona rural de Ciudad Bolívar. Sin embargo, el verdadero giro dramático ocurrió cuando la Fiscalía General de la Nación señaló al patrullero John Alexander Quintero, pareja de la víctima, como el principal responsable del crimen. Diego Guauque, periodista de Séptimo Día investigó el caso.El peso de una acusación de 60 añosLa Fiscalía no escatimó en calificativos ni en la severidad de la pena solicitada. Basándose en pruebas genéticas y testimonios familiares, el ente acusador pidió la máxima sanción permitida por el ordenamiento penal colombiano. Según los registros de las audiencias, se solicitó que la pena fuera de 500 meses de prisión, lo que equivale a más de 41 años, aunque en diversos escenarios se habló de una proyección de hasta 60 años debido a la gravedad de los delitos imputados: homicidio, violación y tortura.Para la familia de Sandra, la noticia fue un golpe devastador. Su madre, Claritza Murillo, recordó el momento en que la sospecha recayó sobre el hombre que frecuentaba su casa: "Demasiada rabia sentía por él y decepción porque yo decía, pero fue algo que alguien que yo tuve en mi casa". La presión mediática y la sevicia reportada en el levantamiento del cadáver, que incluía relatos de desmembramiento y quemaduras, convirtieron a Quintero en el enemigo público número uno, apodado en prisión con alias como "Pikachu" o "el descuartizador".Las pruebas "reinas" de la FiscalíaEl caso contra el patrullero se cimentó sobre dos hallazgos biológicos que parecían irrefutables. El primero fue la presencia de su material genético en el cuerpo de Sandra. El segundo, y quizás más condenatorio para los jueces iniciales, fue el hallazgo de restos biológicos bajo las uñas de la víctima, lo que se interpretó como una señal de defensa.Al respecto, la madre de la víctima señaló en su momento: "En las uñas de mi hija habían encontrado a la piel de él, de John Alexander". Esta narrativa sugería que Sandra había forcejeado con su agresor antes de morir. Quintero, por su parte, se vio atrapado en una pesadilla jurídica: "Pasé de en la mañana ser un policía a en la noche ser un el bandido más grande de todo Bogotá".La ciencia forense que desmontó la teoría del "monstruo"El enigma comenzó a resolverse cuando el médico forense Aníbal Navarro y su equipo interdisciplinario revisaron los folios del caso en 2015. El primer hallazgo fue que el cuerpo de Sandra nunca fue desmembrado por manos humanas ni quemado con intención criminal. Navarro explicó que los daños en el cadáver fueron causados por el entorno: "No está son animales que han intervenido y han fragmentado el cuerpo... en este caso, por el contexto... lo más probable son perros".Además, se descubrió que las supuestas quemaduras eran, en realidad, procesos naturales de descomposición mal interpretados por personal técnico sin la formación adecuada en fotografía forense. Sobre la prueba del ADN bajo las uñas, la genetista Luz Adriana Pérez Sepúlveda aportó una visión distinta a la de la Fiscalía. Al analizar la evidencia, notó que no había señales de lucha física: "Las uñas no están rotas. No hay ningún tipo de daño en las manos que sugiera esa lucha". Según la experta, el ADN encontrado era mínimo y compatible con el contacto cotidiano de una pareja. Quintero mismo explicó este punto: "No era que hubiera arrancado piel... es ADN normal, como cuando tú te sientas en el computador de tu compañero y ya hay ADN tuyo".El camino hacia la libertad y el estigma persistenteLa defensa también logró desvirtuar el móvil del crimen. Mientras la Fiscalía lo pintaba como un hombre posesivo y celoso, los testimonios de amigos y clientes del bar de Sandra indicaron lo contrario. Finalmente, se comprobó que el ADN de Quintero en el cuerpo de la joven correspondía a una relación consentida previa a su desaparición, mientras que los otros rastros hallados sí pertenecían a una agresión violenta en una zona remota donde el patrullero no tuvo presencia.Tras casi seis años de detención, un magistrado dictó el fallo que cambió su destino. Quintero recordó el impacto de ese momento: "Yo siempre yo tenía una Biblia ese día cuando el juez dijo esas palabras, yo me arrodillé y le di gracias a Dios". A pesar de ser declarado inocente, el estigma social le ha impedido retomar una vida normal y conseguir un empleo estable.Por su parte, la familia de Sandra sigue sin encontrar paz, manteniendo su convicción sobre la culpabilidad del expolicía. Claritza Murillo fue enfática al ser consultada tras el veredicto: "No, que diga la verdad, que diga el por qué. ¿Para qué lo hizo con esas personas? Porque él sabe que él fue".
En el departamento del Meta, una población de aproximadamente 180 cocodrilos del Orinoco, conocidos como caimanes llaneros, atraviesa una emergencia de supervivencia sin precedentes en la historia de la conservación. Estos animales, que son los depredadores más grandes de América, llevan nueve meses sin recibir alimento debido a que las instituciones responsables no han definido quién debe asumir los costos de su manutención. El conflicto involucra a la Universidad Nacional, el Ministerio de Ambiente y corporaciones ambientales como Cormacarena.Lo que está pasando con los cocodrilos en el MetaAunque los cocodrilos tienen un metabolismo que les permite pasar varios meses sin comer, el tiempo transcurrido en el Meta ha superado cualquier límite natural. El profesor Carlos Moreno, quien lleva 23 años dedicado al programa de conservación de esta especie, advirtió sobre la gravedad del asunto en Los Informantes: "Someter una población de 180 cocodrilos, todos simultáneamente a inanición hará que finalmente hagan canibalismo".La falta de alimento prolongada está destruyendo el organismo de los reptiles. Al no recibir nutrientes externos, los animales comienzan a consumir sus propias reservas de grasa y, posteriormente, sus tejidos musculares. Este proceso genera sustancias tóxicas que dañan los órganos internos. Moreno explica que el desecho metabólico, como el ácido úrico, afecta gravemente el funcionamiento del cuerpo: "esas sustancias que se llaman metabolitos, que son los desechos de las rutas biológicas que son tóxicas. Así que esos desechos como ácido úrico, por ejemplo, afectan el riñón. Técnicamente se llaman nefrotóxicas, pero también afectan el hígado". Según el investigador, el daño en muchos ejemplares podría ser ya irreversible.Una "reserva de vida" en peligroPara entender la magnitud de la tragedia, es necesario comprender que estos animales no son ejemplares comunes, sino que forman lo que los científicos llaman un "banco genético". En términos sencillos, se trata de una selección de los mejores individuos de la especie, elegidos mediante estudios de ADN para asegurar que el caimán llanero no se extinga.En el año 2020, una investigación liderada por la bióloga Ana María Saldarriaga identificó a 140 cocodrilos que eran "prioritarios" debido a su alta diversidad genética. Esto significa que su descendencia será más fuerte y saludable para repoblar los ríos. Estos animales fueron trasladados al Parque Agroecológico Merecure para que vivieran en condiciones de semicautiverio, donde aprendieron a cazar peces vivos y ganaron masa muscular antes de su liberación definitiva. Sin embargo, ese proyecto de vida hoy es una trampa mortal. Saldarriaga, reconocida como una de las conservacionistas más brillantes del mundo, lamenta la situación. "No puede ser que un animal que lleva 6 millones de años en la Tierra... y ahorita su mayor riesgo es el programa de conservación. Eso solo pasa en Colombia", señalan los expertos.El origen del enredo administrativo de los cocodrilosEl problema actual se deriva del vencimiento de acuerdos legales. En agosto de 2025, el convenio con el parque Merecure llegó a su fin, y en septiembre la comida dejó de llegar a los estanques porque no hubo un plan de transición. Actualmente, existe un vacío de responsabilidad: la Universidad Nacional afirma que no puede invertir dinero público en un predio privado sin un convenio vigente, mientras que el Ministerio de Ambiente señala que la custodia de los animales sigue siendo responsabilidad de la universidad.Además, el marco legal que rige la protección de esta especie parece estar desactualizado. Andrés Felipe Aponte, director de la estación de biología tropical Roberto Franco, explica que no hay una guía clara de acciones: "El programa vigente como tal con un documento normativo formal no existe actualmente. Ese programa se creó entre el 2002 y 2012. Posterior al 2012 pues no se generó como una evaluación formal". Esta incertidumbre normativa permite que cada institución evada sus obligaciones mientras los animales agonizan.Hacinamiento de los cocodrilos en VillavicencioMientras los ejemplares de Merecure mueren de hambre, los que se encuentran en la sede urbana de la Universidad Nacional en Villavicencio sufren por la falta de espacio. Los estanques, diseñados para albergar a 10 cocodrilos, hoy contienen hasta 30 de ellos. El reporte de la propia universidad es alarmante: el hacinamiento ha provocado peleas territoriales que han dejado ejemplares mutilados y al menos 18 individuos completamente ciegos.El cocodrilo del Orinoco es una especie que puede medir hasta 7 metros y pesar media tonelada. Solo habita en Colombia y Venezuela y se encuentra en la "lista roja" de peligro crítico de extinción, el mismo nivel de riesgo que enfrenta el gorila de montaña. A pesar de ser un tesoro nacional que mejora la pesca en los ríos donde es liberado, su futuro depende hoy de que una oficina estatal firme el presupuesto para su comida.
El 8 de mayo de 2025, David Esteban Nocua, un adolescente de 14 años con sueños de emprender en el diseño de camisetas, salió de su casa en la localidad de Usme, al sur de Bogotá, para encontrase con su exnovia. Según el relato de su padre, Diego Armando Nocua, el joven recibió un mensaje de la joven, de 15 años, para verse esa tarde. "Yo lo vi tan feliz que me dijo: 'Papá ya vengo'. Y se iba a encontrar con ella", recordó en Séptimo Día sobre los últimos momentos con vida de su hijo.La cita, sin embargo, era el inicio de una dolorosa odisea. Cámaras de seguridad del sector captaron a David caminando junto a la adolescente y otro compañero de clase hacia una zona apartada a orillas del río Tunjuelo. El engaño consistió en invitarlo a conocer una supuesta casa abandonada. Al llegar al punto desolado, la joven le pidió que cerrara los ojos para entregarle una sorpresaDiego Nocua relató el momento exacto de la agresión según las pruebas judiciales: "Ella le dice al muchacho con que iban: 'Tápele los ojos que le voy a dar un regalo'. El regalo era tremenda apuñalada en el abdomen".Los hallazgos clave en el casoLa investigación penal permitió descubrir que el ataque no fue un hecho fortuito, sino una represalia por un suceso ocurrido antes. En aquel entonces, David Esteban intervino en una situación crítica en su colegio para proteger la integridad de la misma joven que terminaría siendo su victimaria. Su madre, Juliana Monroy, explicó el trasfondo de esta relación: "Él impide que ella se tire del segundo piso del colegio; él la detiene para que no lo haga".A raíz de este intento, las directivas escolares y las autoridades de infancia tomaron medidas de protección para la menor. Yanire Arcos, profesora de los adolescentes, señaló que "la idea es tratar de no revictimizar a los muchachos; entonces el manejo que se le dan es enviarlo al Instituto de Bienestar Familiar". Sin embargo, lo que para las autoridades era una medida de restablecimiento de derechos, para la joven fue un agravio personal del cual culpó directamente a David.Tras permanecer un mes bajo custodia en un hogar de paso del ICBF, la adolescente logró evadirse del sistema. Su único objetivo al recuperar la libertad de forma irregular era buscar al joven. "Ella se llenó de rabia; su único plan después de salir de allí era que Esteban pagara el encierro que ella tuvo", dijo la madre de la víctima.Captura y fallas en el sistema de custodiaEl cuerpo de David fue hallado dos días después de su desaparición con múltiples heridas en el rostro, extremidades y abdomen. Tras el hallazgo, "ella se pone muy nerviosa y dice: 'Sí eso fue lo que pasó eso fue lo que pasó'", narró Diego Nocua.Aunque la Fiscalía logró la aprehensión de la joven y su cómplice, el proceso judicial dejó un sentimiento de insatisfacción en los familiares. Ambos menores aceptaron su responsabilidad en el delito de homicidio agravado; ella recibió una sanción de siete años, mientras que al otro implicado se le redujo la pena a cinco años. La indignación creció cuando, en enero de 2026, solo nueve meses después del crimen, la joven volvió a burlar la seguridad del Estado.La joven se escapó del centro de atención especializada del ICBF donde estaba cumpliendo su sanción, denunciaron los padres, quienes alertaron que la menor fue vista nuevamente en su barrio antes de ser aprehender por segunda vez. Este caso, junto al asesinato de la cuidadora Karely Merlano en Barrancabermeja, ha intensificado el debate sobre la necesidad de reformar el Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente en Colombia.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
La Fiscalía General de la Nación evidenció que Zulma Guzmán Castro, la principal sospechosa por el caso de envenenamiento de dos menores al ingerir unas frambuesas contaminadas con talio, estaría vinculada a otros dos casos similares. En ese sentido, esta empresaria colombiana podría ser catalogada como una asesina serial.(Síganos en Google Discover y conéctese con las noticias de Colombia y el mundo)Así lo reveló la fiscal general de la Nación, Luz Adriana Camargo, este 17 de marzo. Las declaraciones de la alta funcionaria del ente judicial ocurren solo un día después de que se conociera que el ministro de Justicia pidió a la canciller de Colombia, Rosa Villavicencio, que interceda para que se acelere el proceso de extradición de la señalada. La comunicación entre funcionarios se dio a inicios de marzo.Las razones por las que Zulma Guzmán sería asesina serial: dos casos másEl ente judicial evalúa catalogar como asesina serial a Guzmán después de que el grupo de investigación encargado encontrara evidencia científica. Las pruebas corroboran que dos otras mujeres habrían sido víctimas de envenenamiento. Los episodios, asegura la fiscal Camargo, guardan elementos muy similares con el caso de las dos menores que fallecieron al norte de Bogotá. Uno de estos casos ya es materia de investigación.Noticias Caracol pudo acceder a material de una diligencia de legalización de pruebas. Entre el acervo destaca una búsqueda selectiva en la base de datos de la DIAN, en la que se observan las facturas expedidas a nombre de Guzmán y otra mujer que estaría vinculada al caso por participar en esta cadena de envío: Zenaida Pava. Toda esta información, sumada al nuevo “estatus” que tendría la empresaria a ojos de la justicia colombiana, será anexado a la solicitud de extradición.¿Cuáles serían las consecuencias de liquidar las EPS que están en quiebra, como ordenó Petro?¿En qué va el caso? Hay un nuevo freno en el procesoZulma Guzmán Castro se encuentra actualmente recluida en la prisión HMP Bronzefield, de Reino Unido. El proceso judicial se encuentra en una nueva fase de trámites legales por un freno que puso el equipo de defensa de Guzmán ante las autoridades. Los defensores de la señalada citaron una normativa en el país extranjero, que prohíbe tratos inhumanos o degradantes hacia personas privadas de la libertad. En ese sentido, la defensa sostiene que las cárceles en Colombia no garantizarían la integridad de Guzmán.¿Zulma Guzmán habría intentado envenenar a otras dos mujeres? Nuevos detalles del caso del talioUna delegación de la defensa de Guzmán vendrá al país este 30 de marzo para verificar precisamente las condiciones del centro carcelario en el que se privaría de la libertad a su cliente. La justicia colombiana había pensado inicialmente que la cárcel El Buen Pastor sería un lugar adecuado, pero más tarde optó por trasladarla al pabellón de funcionarios en La Picota.“La extradición de la señora Zulma viene surtiéndose dentro de los pasos acordados con el gobierno de Gran Bretaña. Ellos son cuidadosos en el examen de las condiciones”, aseguró la fiscal general.El ministro de Justicia, Jorge Iván Cuervo, envió el pasado 27 de febrero al Ministerio de Relaciones Exteriores pidiendo que se acelere el proceso de Guzmán. Puntualmente, el alto funcionario indica que se el comunique a Reino Unido la importancia y prioridad que tiene su extradición al territorio colombiano, pues resulta clave para “evitar escenarios de impunidad y permitir el esclarecimiento de los hechos”. María Paula Rodríguez RozoNOTICIAS CARACOL¿Tiene una historia que contar?Escríbanos a mprodrir@caracoltv.com.co
William Noguera se convirtió en el primer ciudadano colombiano sentenciado a pena de muerte en el estado de California, en Estados Unidos. Tras pasar 40 años tras las rejas en el temido corredor de la muerte de la Prisión Estatal de San Quintín, Noguera recuperó su libertad en agosto de 2025. Su historia es un testimonio de supervivencia en un entorno donde convivió con algunos de los criminales más peligrosos del sistema penitenciario estadounidense.Un equipo de Los Informantes viajó a Los Ángeles, donde hoy William Noguera vive en libertad y a paz y salvo con sus pecados. Durante sus años en prisión, aprovechó el tiempo que le quedaba para estudiar, pero sobre todo para conocer a sus compañeros de infortunio. Llegó a ganarse la confianza de algunos de los peores asesinos seriales y logró lo impensable: colaborar con la justicia y ayudar a esclarecer casos que parecían imposibles.San Quintín, la prisión más temida de EE. UU.La prisión de San Quintín, en California, es reconocida como una de las instituciones penitenciarias más temidas de los Estados Unidos. Según el testimonio de Noguera, “San Quintín era la peor prisión del mundo, porque ahí nació la mafia mexicana, ahí nació BGF (Black Guerrilla Family)... Son los peores de los peores, tipos que piensan por meses de cómo matarte. Yo era el más joven que le dieron pena de muerte en ese entonces”.En este lugar, la comunicación y el respeto se rigen por códigos distintos a los de la sociedad civil. Noguera es enfático al definir la dinámica de convivencia: "El lenguaje que se habla en San Guintín es violencia. Es el único lenguaje que se respeta ahí dentro".Y es que en esa temida prisión pasaron criminales como Charles Manson y Richard Ramírez. En 2015, el penal llegó a albergar hasta 700 prisioneros que esperaban su turno para entrar a la cámara de ejecución con gas o mediante inyección letal.¿Por qué William Noguera fue sentenciado a muerte?William Noguera fue sentenciado a muerte en 1983 por el asesinato de Jovita Navarro, quien era la madre de su novia de aquel entonces. En ese momento, Noguera tenía 18 años, lo que lo convirtió en el hombre más joven en ingresar al corredor de la muerte en esa época. El trasfondo del crimen estuvo marcado por una situación personal compleja relacionada con el embarazo de su pareja.Noguera relató que su novia, de 16 años, sufría abusos físicos y sexuales en su hogar y estaba embarazada de cinco meses. Tras un viaje a México, Noguera regresó y fue informado de que ella había sido forzada a abortar. "Yo era un niño que tenía rabia, era un colombiano que creció en un barrio de mexicanos y gente de color y yo era el único colombiano. Por eso, desde niño tenía que defenderme y peleando fue la única forma que pude hacer eso", relató.Con formación en artes marciales desde los cuatro años y siendo campeón nacional de Hapkido, Noguera enfrentó a su suegra en una discusión que terminó de forma violenta cuando ella lo atacó con uno de sus instrumentos de entrenamiento y él acabó con su vida. "Yo cometí este crimen que me puso en la prisión por 42 años", admitió.Compartió celda con asesinos serialesAl ingresar a la Prisión Estatal de San Quintín, Noguera se vio obligado a desarrollar estrategias de supervivencia física y mental. En prisión enfrentó una realidad oscura, al borde de lo perturbador, convivir a diario con algunos de los asesinos en serie más peligrosos.Su rutina diaria incluía un entrenamiento riguroso: "Es una fuerza que te da de levantarme todos los días a las 5 de la mañana, hacer mil lagartijas, prepararme físicamente, mentalmente y espiritualmente... Es un juego muy difícil, que los criminales te respeten por miedo y que los guardias te respetan porque creen que también eres una buena persona”.Más allá de sus 1,90 metros de estatura, Noguera se dedicó al estudio exhaustivo del comportamiento humano y criminal. Aseguró haber leído cerca de 20.000 libros durante su encierro, especializándose en perfilación criminal. "No tengo una educación normal, pero tengo un máster de la prisión de San Quintín y yo me gradué número uno en mi clase, porque no hay un libro que no leí", dijo.Gracias a ese conocimiento, pudo convivir y analizar a vecinos de celda como Randy Kraft, quien asesinó a más de 60 personas, o William Bonin, quien violó, torturó y mató al menos a 14 jóvenes.Un impactante hallazgo: casi fue víctima de uno de estos criminalesUn episodio notable en su vida carcelaria fue el descubrimiento de que él mismo pudo haber sido víctima de William Bonin, conocido como el ‘Freeway Killer’. “Él mataba niños de la edad como de 11 a 18 años y yo iba a ser su víctima”, reveló. Según Noguera, Bonin reconoció que una vez un niño se le “escapó”.“Sí, había un muchacho y tenía una tabla de surf, pero única. Estaba pintada de rojo con el hombre araña. Yo le dije: ‘¿Este es el muchacho? (mientras muestra su fotografía). Él comenzó a tocar la foto con las manos y dijo: ‘Usted es él’. En ese momento, él (Bonin) se dio cuenta que era yo”, recordó.Tras identificar detalles específicos de un encuentro pasado, Bonin facilitó que Noguera fuera aceptado en círculos cerrados de criminales. Noguera se infiltró en la llamada ‘Dead Body Society’, un grupo donde los asesinos compartían detalles macabros de sus crímenes, grabaciones y fotografías. "Ellos me dijeron toda su historia. La que saben los policías y la que no saben. Y lo más importante, me dijeron por qué hacen lo que ellos hacen”, agregó.El arte como vía de escapeDurante sus décadas de encierro, Noguera desarrolló un talento excepcional para el dibujo utilizando la técnica del puntillismo. Sus obras, de un realismo fotográfico, comenzaron a ser valoradas tanto por los guardias como por el mercado del arte exterior. "Me conocían como el hombre de escape porque mis obras dicen que yo podía escaparme por mi mente". Sus trabajos han sido exhibidos en galerías de Londres, París, Nueva York y Los Ángeles, alcanzando precios de entre 700 a 18 mil dólares.Este éxito financiero le permitió no solo sostenerse en prisión, sino también contribuir económicamente a las familias de las víctimas de los mismos criminales que lo rodeaban. Para Noguera, el proceso creativo era una forma de libertad: "Cuando yo estaba haciendo creaciones artísticas estaba yo destruyendo la jaula que me tenía encerrado".El camino hacia la libertad y la colaboración con la justiciaLa salida de Noguera del corredor de la muerte no fue inmediata. Sus abogados trabajaron durante décadas para demostrar que el testimonio que alegaba premeditación en el crimen de su suegra para cobrar un seguro era falso.Sin embargo, su comportamiento ejemplar y su labor ayudando a resolver crímenes fueron determinantes. Noguera utilizó la información obtenida de otros convictos para colaborar con la justicia. Un caso clave fue el de Joseph Naso, un asesino serial a quien Noguera asistió en prisión y de quien obtuvo confesiones y secretos escritos. "Admitió que me conocía, que escribió cosas y que me dijo secretos. Yo tengo todos esos secretos escritos en su puño y letra", afirmó.Finalmente, en agosto de 2025, una jueza le otorgó clemencia y libertad condicional. A sus 61 años, Noguera vive ahora en Los Ángeles con su familia, adaptándose a un mundo tecnológico que le resulta ajeno.A pesar de los años perdidos, mantiene el deseo de reconectar con sus raíces colombianas en Barranquilla y Santa Marta. Su enfoque actual es continuar su carrera como autor y artista. Hoy trabaja junto a Ken Mains, un reconocido detective especializado en crímenes sin resolver, y tiene claro que quiere dedicar su vida a ayudar a las víctimas de asesinos en serie. "Yo caminé en el infierno por casi 40 años. Yo no soy una persona que no tengo miedo. Yo tengo miedo y por eso que yo creo que sobreviví", concluyó.
Un asesino en serie septuagenario de Estados Unidos, Richard Cottingham, conocido como ‘el asesino del torso’ y que cumple cadena perpetua en Nueva Jersey, confesó ser el autor de otro asesinato, el de una joven de 18 años, cometido a finales de 1965 en ese mismo estado. Así lo confirmó este martes 6 de enero la Policía de Fair Lawn, la localidad de Nueva Jersey de donde era Alys Eberhardt, una estudiante de enfermería que fue hallada muerta con signos de violencia en la casa de sus padres hace más de seis décadas y cuyo caso permanecía sin resolver. Eberhardt fue acuchillada y golpeada hasta la muerte, informaron entonces las autoridades. (Síganos en Google Discover y conéctese con las noticias más importantes de Colombia y el mundo)"Richard Cottingham finalmente dio una confesión completa, incluyendo detalles que nunca se habían divulgado en público", indicó en su cuenta de Facebook la Policía, que reabrió el caso en 2021, lo que llevó a una revisión y nuevos interrogatorios al sospechoso.El jefe Joseph Dawicki expresó que "Alys era una joven estudiante de enfermería vibrante que fue sacada de nuestra comunidad demasiado pronto. Aunque nunca podremos traerla de vuelta, tengo la esperanza de que su familia pueda encontrar algo de paz sabiendo que la persona responsable ha confesado y ya no puede dañar a nadie más. Este caso es un testimonio de la dedicación de nuestros oficiales y del hecho de que las fuerzas del orden nunca se rinden en la búsqueda de la justicia”.Las autoridades señalaron que, con el fin de conseguir el cierre para la familia, no se presentarán cargos adicionales en este caso.Un sobrino de Eberhardt, Michael Smith, agradeció al medio local Daily Voice poder dar respuestas a su madre, hermana de la fallecida, ya que "nunca sabremos por qué, pero al menos finalmente sabemos quién".Historial del ‘asesino del torso’A Cottingham, de 79 años, apodado ‘el asesino del torso’ y ‘el asesino de Times Square’, se le atribuyen más de una decena de asesinatos de mujeres en el área de Nueva York y Nueva Jersey cometidos entre 1967 y 1980, pero ha afirmado ser responsable de hasta un centenar.En 2021, este asesino en serie se declaró responsable del asesinato de Lorraine Mary Kelly y Mary Ann Pryor, de 16 y 17 años respectivamente, en 1974.En 2022, confesó haber matado a otras cinco jóvenes entre 1968 y 1973 en el estado de Nueva York, y recibió penas adicionales por uno de esos crímenes, que se sumaron a su cadena perpetua, pero no de los otros cuatro, como parte de un acuerdo con las autoridades.EDITADO POR SANDRA SORIANO SORIANOCOORDINADORA DIGITAL NOTICIAS CARACOLsmsorian@caracoltv.com.co*CON INFORMACIÓN DE AGENCIA EFE
La tranquilidad de las zonas rurales de Risaralda se vio quebrantada por una serie de crímenes que parecían no tener explicación. Las víctimas, en su mayoría adultos mayores de 80 años, eran atacadas con una sevicia aterradora en la soledad de sus fincas. Detrás de esta ola de violencia se encontraba Juan Carlos Villa Cardona, un hombre que, bajo la fachada de un desamparado sordomudo, se ganaba la confianza de sus víctimas para luego acabar con sus vidas. Esta escalofriante historia, que fue revelada en detalle por el programa Séptimo Día, muestra el perfil de uno de los criminales más despiadados de los últimos años en Colombia.Así sembraba el terrorEl modus operandi de Villa Cardona era tan simple como efectivo. Llegaba a viviendas aisladas en veredas como La Paloma, en Santa Rosa de Cabal, portando un letrero en el que aseguraba ser sordomudo y solicitaba ayuda económica para su madre. Su apariencia inofensiva —un hombre de baja estatura, tez blanca y contextura atlética— no levantaba sospechas inmediatas. Sin embargo, una vez dentro de las propiedades, su actitud cambiaba drásticamente.Expertos consultados recientemente por el canal Más Allá del Silencio Podcast, como el psicólogo forense Belisario Valbuena, señalan que el uso del engaño era su firma principal. El sujeto utilizaba un papel escrito para generar una empatía cognitiva y emocional con los ancianos, lo que le permitía inspeccionar la vivienda y detectar objetos de valor o dinero en efectivo.Séptimo Día conoció detalles de uno de los crímenes: el triple homicidio de Mélida González, Bernardo Giraldo y Ana Isabel Giraldo. Las víctimas fueron halladas con múltiples heridas de arma cortopunzante y el subintendente Jairo Martínez relató que los cuerpos presentaban lesiones "en las zonas del cuello, en los brazos y en las piernas”."Ver sangre me tranquiliza"En las entrevistas concedidas desde la cárcel, Villa Cardona ha dejado al descubierto una personalidad carente de cualquier remordimiento. "Yo no siento remordimiento por el ser humano, para mí el humano es como una gallina", afirmó el asesino en conversación con Más Allá del Silencio Podcast. Desde el primer momento que se conoció su testimonio fue evidente la frialdad con la que ejecutaba sus crímenes: "ver sangre me tranquiliza, pero a la vez me da como una paz... me da como una paz como cuando usted se bebe un vaso de agua y usted tiene mucha sed", le dijo en 2024 a Séptimo Día.Los analistas lo definen como un sujeto altamente centrado en la realidad, astuto y un buen lector de su entorno. El doctor Valbuena explica que no es alguien que haya perdido el contacto con la realidad, sino un sujeto perverso y antisocial.Abandono y odio en el pasadoLa raíz de su comportamiento, según el propio Villa y el análisis de la neuropsicóloga Jessica Riaño, reside en una infancia traumática. A los siete años fue dejado por sus padres bajo el cuidado de sus abuelos en Marsella, Risaralda. Este abandono sembró un odio profundo hacia sus progenitores que luego proyectó en sus víctimas. "Yo odio las personas de edad, yo las odio... el daño mío es muy diferente, yo mantengo odio con la humanidad", confesó en Séptimo Día.Su historial delictivo comenzó temprano, según él, a los 11 años cometió su primer ataque grave contra otro menor. En su relato agrega que mientras sus padres "vivían su romance", él se sentía como un objeto desechado. "Me estaban pegando los muchachos... un tío me dijo 'no pues tenga este cortauñas... hágase valer el apellido'... fui lo encontré y me lo llevé... le pegué como 35 [puñaladas], pero no lo maté".Uno de los aspectos más perturbadores de Juan Carlos Villa Cardona es su intento de justificar sus actos a través de una distorsionada fe religiosa. Asegura que antes y después de cada crimen se arrodillaba ante Dios. Incluso llegó a afirmar que sus víctimas "merecían" morir por pecados pasados o que su muerte era un descanso necesario.Los expertos señalan que estas son distorsiones cognitivas que el asesino utiliza para validar su brutalidad y verse a sí mismo como un ejecutor de la voluntad divina.Traición familiar y capturaEl fin de su carrera criminal llegó no por una pista forense infalible, sino por la que él llama una traición de su propio círculo familiar. Sus hermanos, motivados por una recompensa de 30 millones de pesos ofrecida por las autoridades, facilitaron su ubicación. "José Mauricio Villa Cardona... ese perro vio eso [la recompensa] se emocionó... dio el número por 15 millones de pesos sabiendo que cargamos el mismo apellido", aseguró Villa.Actualmente, Villa Cardona cumple una condena de más de 45 años de prisión en una cárcel de máxima seguridad. Su odio ahora se centra en sus hermanos, a quienes jura destruir si alguna vez recupera la libertad o si coinciden en prisión. "Haber confiado en mis hermanos... es lo peor que me pasó... juro que los destruyo... los maldigo", sentenció.El análisis final de los expertos en Más Allá del Silencio Podcast es claro: Villa es un perfecto engañador y un sujeto alexitímico, incapaz de entender las emociones ajenas o las propias.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
"¿Iba también por mí o iba a que habláramos y dialogáramos, y a frenar lo que podía pasar? Nunca lo sabremos". Esa es la pregunta que aún se hace el escritor Mario Mendoza sobre el día en que ocurrió la masacre de Pozzetto, el 4 de diciembre de 1986, cuando un hombre llamado Campo Elías Delgado asesinó a 29 personas en distintos puntos de Bogotá, una de ellas su propia madre, convirtiéndose en uno de los episodios más trágicos en la historia de la capital. Mendoza, en una entrevista de Lo Más Viral de Noticias Caracol En Vivo (realizada el pasado 5 de junio), relató que conoció a Campo Elías, de 39 años, un tiempo antes de la masacre, pues ambos eran compañeros y se encontraban haciendo la tesis para graduarse. Tras el múltiple asesinato, el escritor tomó nota de todo lo que recordaba de aquel entonces para un relato, lo que después se convirtió en uno de sus libros más famosos: 'Satanás'. "Estaba en último semestre, ya estaba entregando prácticamente la tesis y ahí fue cuando Campo Elías Delgado, un exsoldado de Vietnam, decidió lanzarse en una línea recta de dolor, muerte y sacrificio (...) Una versión dice que lo dieron de baja y otra versión dice que él se suicidó. Esa es la versión que asumo como la más verosímil", dijo Mendoza sobre aquel suceso. Así conoció Mario Mendoza al asesino de la masacre de Pozzetto Mendoza narró que Campo Elías "estaba escribiendo una tesis sobre Dr. Jeck y Mr. Height, de Robert Lewis Stevenson", mientras que él trabajaba en "una tesis sobre aquelarres medievales, basado en una novela de Carlos Fuentes que se llama 'Aura' ". En ese entonces, el escritor conocía a un profesor que vivía en Estados Unidos y le ayudaba con la bibliografía para su trabajo, la cual fue clave para conocer al asesino: "Él se me acercó un día a la salida de una clase y me dijo: 'Usted es Mendoza, usted tiene una bibliografía que yo necesito' ". En aquella época, se "cuidaba celosamente la bibliografía", pues era de difícil acceso. Es por eso que Campo Elías le pidió a Mendoza las copias que le enviaban desde Estados Unidos, pero él se negó: "Yo le dije: 'No, yo no le puedo prestar mi bibliografía, pero sí vamos a sacar fotocopias'. Era una práctica que hoy en día es ilegal, pero todos los estudiantes de universidad de la época vivíamos en la fotocopiadora. (...) Así empezamos a dialogar". El escritor afirmó que recuerda a Campo Elías como "un tipo muy inteligente, una persona sobresaliente, brillante, alguien excepcional. No leía traducciones, leía en la lengua original. Si leía escritores franceses, los leía en francés. Si leía escritores de lengua inglesa, los leía en inglés, pero nunca leía traducciones. Sus opiniones en clase siempre eran sorprendentes, era agudo, perspicaz y a mí me gustaba que era un poco retador, que sus opiniones siempre creaban conflicto". El día de la masacre "preguntó por mí": Mario Mendoza sobre Campo Elías DelgadoAquel 4 de diciembre, Mendoza narró que Campo Elías fue a buscarlo al departamento de Literatura, pero no lo encontró. "Preguntó por mí y no me encontró, se descompuso, se puso de muy mal genio y ahí lo sacaron prácticamente...la secretaria llamó a los de seguridad y lo sacaron de la universidad. Él caminó desde la carrera Séptima con la calle 40, donde quedaba el departamento de Letras, hasta donde él vivía, que era la Séptima con calle 53. Se fue a pie esas 13 calles y ahí entró al edificio, mató a su propia madre, mató a seis personas más en el edificio y después quemó, incineró ese cuerpo".El autor de 'Satanás' comentó en la entrevista que el responsable de la masacre "ya había matado antes" a una alumna de él y a su madre, "en la 116", con un cuchillo "de guerra de Vietnam", país donde había estado dos veces. Mendoza explicó que la brutalidad de los asesinatos, según psicopatología criminal, se relaciona con un concepto llamado "momento de éxtasis": "Estaba suspendido en otra dimensión. Él asesinó en un estado parecido de frenesí". Campo Elías, tras matar a estas personas, se "tranquilizó", lo cual fue mucho más peligroso: "Ahora tenía el control. Pensaba fríamente, calculaba, ahí es cuando se cambió al revólver, un 38 corto y asesinó" a más de 20 personas en un restaurante italiano llamado Pozzetto, que quedaba en Chapinero. Las imágenes tomadas en Pozzetto muestran la magnitud del horror: charcos de sangre, platos rotos y rostros congelados en el último instante. Este episodio fue inmortalizado, además del libro de Mario Mendoza que reconstruye el hecho desde distintas voces, algunas ficticias, en una serie de Netflix que se estrenó recientemente, llamada 'Estado de Fuga 1986', para recordar a las víctimas del trágico hecho casi cuatro décadas después. LAURA VALENTINA MERCADONOTICIAS CARACOL DIGITAL
El 4 de diciembre de 1986 quedó grabado en la historia de Bogotá como una de las noches más trágicas. Campo Elías Delgado protagonizó una masacre que comenzó en su apartamento y terminó en el restaurante italiano Pozzetto, dejando 29 víctimas. Hoy, las imágenes reales de aquel suceso vuelven a recordarse, debido a la serie Estado de Fuga 1986, recientemente estrenada en Netflix, al cumplirse 39 años del hecho.Las fotografías son impactantes: mesas volcadas, copas rotas y cuerpos tendidos en el suelo. Son registros captados en el lugar minutos después del ataque. Cada imagen es un testimonio del horror que se vivió en Pozzetto.Así era Campo Elías Delgado, el perpetrador de la masacreCampo Elías Delgado nació el 14 de mayo de 1934 en Chinácota, Norte de Santander. Tuvo un padre violento que se quitó la vida y vivió una relación conflictiva con su madre, Doña Rita. Años después, viajó a Estados Unidos, se enlistó en el Ejército y combatió en la guerra de Vietnam, una experiencia que lo dejó marcado para siempre.En Bogotá vivía con su madre, dictaba clases de inglés y estudiaba Lenguas Modernas en la Universidad Javeriana. Se dice que entre sus lecturas favoritas estaban textos de Edgar Allan Poe y El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde.La jornada que desató el horror: la masacre de PozzettoLa tragedia comenzó el día anterior, cuando retiró de su cuenta los últimos $50.000 pesos. En su apartamento, golpeó y asesinó a su madre, dejando el cuerpo en la cocina. Al día siguiente, se dirigió al barrio La Alhambra, donde mató a Catalina, su joven estudiante de 15 años, y a su madre Nubia, tras amarrarlas y apuñalarlas. Al parecer también intentó tener algún tipo de interacción sexual. Luego volvió a su casa, cubrió el cadáver de Doña Rita con sábanas y papeles y le prendió fuego antes de salir con la excusa de llamar a los bomberos. Antes de llegar a Pozzetto, disparó contra varios vecinos en su edificio tras tocar a sus puertas y advertir del fuego que había provocado.Restaurante Pozzetto: el escenario de la cruel masacreCerca de las siete de la noche, Campo Elías llegó al restaurante Pozzetto, ubicado en Chapinero, más exactamente en la carrera Séptima con calle 61. Vestía de gris y llevaba un maletín. El mesero Eccehomo Rosas, quien lo conocía, relató años después en Los Informantes que esa noche bebió cerca de 10 tragos de vodka con jugo de naranja antes de sacar su revólver calibre 38.Minutos antes del ataque, le dijo: “Yo estuve en Vietnam y allí no me mataron, ahora me voy a morir aquí”.Cuando comenzó a disparar, el pánico se apoderó del lugar. La Policía llegó, acordonó la zona y entró disparando. Campo Elías murió, aunque nunca se confirmó si se suicidó o falleció en medio del intercambio de disparos. El saldo fue de 21 personas muertas en el restaurante.Las imágenes tomadas en Pozzetto muestran la magnitud del horror: charcos de sangre, platos rotos y rostros congelados en el último instante. Son fotografías que, casi cuatro décadas después, toman relevancia como un recordatorio de este grave hecho violento.El restaurante Pozzetto cerró definitivamente en 2022. La masacre se considera la peor cometida por un solo hombre en Colombia.De la tragedia a la ficción en Netflix: Estado de Fuga 1986La masacre de Pozzetto dejó 29 víctimas en total y se convirtió en un referente doloroso de la violencia urbana en el país. El caso inspiró la novela Satanás de Mario Mendoza, llevada al cine en 2007, convertida en novela gráfica en 2018 y ahora la historia llega al streaming.El pasado 4 de diciembre, Netflix estrenó Estado de Fuga 1986, exactamente 39 años después de la masacre. La producción, protagonizada por Andrés Parra, reconocido por su papel en Escobar: El patrón del mal, no se centra en el asesino, sino en la mirada de un joven escritor, posiblemente inspirado en Mario Mendoza, quien además es productor ejecutivo de esta producción.La serie busca ir más allá de los hechos. Según Ana María Parra, escritora del proyecto: “La pregunta en la serie no es quién matará, porque ya lo sabemos, sino por qué lo hizo. Lo planteamos un paso más allá con León cuando se pregunta ‘¿yo lo vi venir?, ¿yo pude evitarlo?, ¿yo soy cómplice?’ y a medida que avanza la serie se develan otros traumas, otros secretos. La historia es como una cebolla que va revelando nuevas capas y se desarrolla como un thriller”, afirmó durante el lanzamiento de la serie.El elenco incluye además a reconocidos actores colombianos como José Restrepo, Carolina Gómez, Jorge Enrique Abello, Paulina Díazgranados, Consuelo Luzardo, Camila Jurado, Ernesto Benjumea, Marcela Benjumea, César Mora, Mariana Mozo, Cristal Aparicio y Valentina Acosta.Las imágenes reales de la masacre de Pozzetto son piezas de memoria histórica. Cada fotografía revive el horror y plantea preguntas sobre la violencia y la salud mental.
Cuando la Policía entró a la casa de Edward Theodore Gein en 1957 buscando a una mujer desaparecida, no se esperaban que lo había allí dentro les produciría horror. En torno a estos hechos, en los últimos días Netflix estrenó la serie Monstruo: la historia de Ed Gein, la tercera entrega de la antología creada por Ryan Murphy e Ian Brennan. La serie revive la historia de este asesino, conocido como El Carnicero de Plainfield, un hombre cuya vida y crímenes inspiraron películas icónicas como Psicosis, El silencio de los inocentes y La masacre de Texas.Ed Gein nació el 27 de agosto de 1906 en La Crosse, Wisconsin, y creció en una granja aislada bajo la influencia de una madre dominante y fanática religiosa, Augusta, quien inculcó en sus hijos una visión del mundo marcada por el pecado y la corrupción moral. Su padre, George Gein, era alcohólico y distante, mientras que Augusta despreciaba a las mujeres, considerándolas fuente del mal. Esta educación rígida generó en este asesino una dependencia emocional extrema hacia su madre, que se intensificó tras la muerte de su padre en 1940. Desde entonces, Ed y su hermano Henry se hicieron cargo de la granja.La muerte de su mamá: un antes y un después en la vida de Ed GeinEn 1944, Henry murió en circunstancias sospechosas durante un incendio en la propiedad familiar. Aunque oficialmente se atribuyó la causa a asfixia, siempre existieron dudas sobre la participación de Ed en el hecho. Un año después, Augusta falleció por un paro cardíaco, lo que marcó un punto de quiebre en la vida de Gein. Quedó completamente solo y su aislamiento se profundizó, desencadenando conductas obsesivas y antisociales.Tras la muerte de su madre, Gein desarrolló una fijación enfermiza por la anatomía y las mujeres. Comenzó a profanar tumbas en cementerios locales, robando cadáveres de mujeres que se parecían a Augusta. Con sus restos fabricaba objetos domésticos, máscaras y prendas hechas de piel humana. Así cayó Ed GeinEl horror salió a la luz el 16 de noviembre de 1957, cuando Bernice Worden, propietaria de una ferretería en Plainfield, desapareció. Su hijo halló rastros de sangre en el local y un recibo a nombre de Ed Gein. Al registrar la granja, la policía encontró una escena escalofriante: el cuerpo decapitado de Worden colgaba del techo, y en la casa había restos humanos convertidos en utensilios, lámparas y máscaras. También hallaron el cráneo de Mary Hogan, desaparecida en 1954. Aunque solo se confirmaron dos asesinatos, Gein confesó haber exhumado numerosos cadáveres para sus macabras creaciones.Los estudios psiquiátricos concluyeron que Gein sufría psicosis y comportamientos necrofílicos. Su obsesión por la madre fallecida lo llevó a intentar “reconstruirla” mediante los cuerpos que mutilaba. Esta fijación explica por qué sus víctimas y los cadáveres robados compartían características físicas con Augusta.Ed Gein fue arrestado en 1957 y declarado no imputable por demencia. Nunca enfrentó un juicio penal convencional. En lugar de prisión, fue internado en hospitales psiquiátricos, donde permaneció hasta su muerte el 26 de julio de 1984, a los 77 años, en el Instituto de Salud Mental de Mendota, Wisconsin. Falleció por insuficiencia respiratoria derivada de un cáncer metastásico. Además, su casa en Plainfield fue incinerada y esta vivienda era frecuentada por curiosos, prensa y personas que, incluso, llevaban flores.El caso Gein conmocionó a Estados Unidos y dejó una huella imborrable en la cultura popular. Sus crímenes inspiraron personajes como Norman Bates (Psicosis), Buffalo Bill (El silencio de los inocentes) y Leatherface (La masacre de Texas). Hoy, su historia vuelve a cobrar relevancia con la serie de Netflix, que promete mostrar no solo los hechos, sino también el trasfondo psicológico y familiar que convirtió a Ed Gein en uno de los asesinos más perturbadores del siglo XX.CAMILO ROJAS, PERIODISTA NOTICIAS CARACOLX: RojasCamoCorreo: wcrojasb@caracoltv.com.coInstagram: Milografias
Vitali Manishin, un asesino serial conocido como ‘El maniaco de Barnaul’, fue condenado a 25 años de cárcel en Rusia por el asesinato de once mujeres y la violación de algunas de ellas.El condenado, de 54 años, fue vicegobernador del distrito de Kalman, de la región siberiana del Krai de Altái, y cometió los crímenes cuando era estudiante, hace más de dos décadas.Su primera víctima tenía 17 añosSegún medios internacionales, en 1989 intentó violar a su primera víctima, una adolescente de 17 años que conoció en la localidad de Zeliónaya Dubrava, del distrito Ródinski, a la que estranguló y, posteriormente, ocultó su cadáver en el bosque cercano.Luego, entre 1999 y 2000, el asesino serial cometió sus otros crímenes. Todas tenían relación con la Universidad Estatal Técnica de Altái, excepto una.Según la Fiscalía, ‘El maniaco de Barnaul’, "con la excusa de ayudarlas a ingresar en el centro docente y estudiar en este, así como para ayudarles a encontrar trabajo, entablaba contacto con muchachas jóvenes en la ciudad de Barnaul". "Les convencía de viajar con ellas en automóvil al distrito Kalmanski, donde las violaba y asesinaba, y escondía sus cuerpos en el bosque", añadieron las autoridades rusas.Durante casi tres décadas de investigaciones, las autoridades rusas buscaron identificar al asesino serial, hasta que finalmente fue capturado en mayo de 2023. (Lea también: Celulares, tablets y ropa: claves para capturar al asesino serial de la comunidad LGBTIQ+ en Bogotá)El hombre, además, es señalado de abusar de jóvenes que buscaban trabajo en instituciones educativas, entre julio y agosto de 1999.¿Por qué la pena fue solo de 25 años?"El Tribunal del distrito Kalmanski de la región de Altái condenó al ciudadano Vitali Manishin, de 54 años, tras hallarle culpable de asesinato con agravantes relacionado con violaciones de dos o más personas", informó en Telegram la Fiscalía local.El despacho judicial, a casi 3.000 kilómetros de Moscú, indicó que la condena no pudo ser todo lo severa que estipula la legislación rusa -cadena perpetua- debido a la prescripción del delito. Sin embargo, dada la gravedad de los crímenes que cometió, el Tribunal determinó condenar a ‘El maniaco de Barnaul’ a 25 años de prisión, de los cuales pasará 7 en una cárcel y el resto en una colonia penitenciaria de alta seguridad.EDITADO POR SANDRA SORIANO SORIANOCOORDINADORA DIGITAL NOTICIAS CARACOLsmsorian@caracoltv.com.co*CON INFORMACIÓN DE AGENCIA EFE
Colombia ha sido testigo de crímenes que desafían la comprensión humana, historias donde la crueldad y la maldad se manifiestan de formas inimaginables. Dos de estos casos, investigados por el programa El Rastro, revelan las mentes de dos hombres que, bajo justificaciones de brujería y celos, cometieron actos atroces que dejaron una cicatriz imborrable en las comunidades de Risaralda y Antioquia. Estas son las macabras historias de John Fredy Ortiz, ‘El Hierbatero', y Jaime Iván Martínez, conocido como 'El Monstruo de Guarne'.‘El Hierbatero’ de Belén de UmbríaEn 2007, un forastero llegó a Belén de Umbría, Risaralda, presentándose como un hombre con capacidades divinas. Se trataba de John Fredy Ortiz, un "hierbatero" que afirmaba tener "un don de sanación" otorgado por Dios. "Dios me hablaba y me enseñaba cómo sanar a esta gente", aseguró Ortiz. Su fama creció rápidamente y entre las personas que lo buscaron se encontraba Marta Luz Echeverry, una madre soltera de 20 años que luchaba por sacar adelante a sus dos hijos, Lisbey, de 10 años, y Juan Pablo, de 8.Marta, quien había tenido una vida difícil y había criado a sus hijos sola porque ninguno de los padres respondió por ellos, buscó a Ortiz por un problema en la piel de su hija. Sin embargo, la consulta derivó en una relación amorosa. "Desde ese entonces se enamoraron (...) me fui a vivir con ella a los días", relató Ortiz.A pesar de que algunos vecinos la veían como una madre cariñosa, la llegada de Ortiz a su vida marcó un cambio drástico. La familia de Marta desconfiaba del forastero; su hermana Dora lo describió como "un hombre morboso, de un hombre que da fastidio". Pero Marta, enamorada, decidió mudarse con él y sus hijos a una finca aislada en el municipio de Mistrató.La desaparición y el macabro hallazgoEn febrero de 2010, la familia se instaló en una casa en el corregimiento de San Antonio del Chamí. Pronto surgieron problemas con vecinos y ocurrieron hechos extraños, como un incendio en la vivienda y una herida de bala que sufrió Marta, lo que alertó a sus familiares. El tío de los niños, Omar, llegó a manifestarle a la Policía que "los niños estaban en peligro", pero sintió que no se tomaron acciones.La tragedia se desató el 15 de abril de 2010. John Fredy llamó a Omar para informarle que los niños habían desaparecido, sugiriendo que la guerrilla se los había llevado. Al día siguiente, la pareja reportó oficialmente la desaparición, alegando que los menores se esfumaron en media hora mientras arreglaban una manguera. La actitud de ambos levantó sospechas. Ortiz afirmaba que uno de los niños se le aparecía en sueños para decirle que "no lo buscara más porque estaban descansando en el río". La madre, por su parte, mantenía una calma desconcertante. "Hablaba como con una tranquilidad que uno se queda aterrado", recordó su hermana Dora.Tras una intensa búsqueda, el 18 de abril fue encontrado el cuerpo de Juan Pablo en la orilla de un río. Presentaba múltiples heridas de arma blanca y un machetazo en el rostro. Su tío Omar lo reconoció. Al día siguiente, hallaron el cuerpo de Lisbey, completamente desnudo, con una cortada de 30 centímetros en un brazo y cuatro dedos desprendidos en una mano, como si hubiera intentado defenderse.Una confesión escalofrianteLas autoridades encontraron rastros de sangre en la casa de la pareja, que ellos justificaron diciendo que eran "del animal que habían sacrificado para la cena". La pasividad de ambos y una revelación clave de un testigo llevaron a la Fiscalía a ordenar su captura el 21 de abril.En los juzgados, John Fredy Ortiz aceptó los cargos y fue condenado a 55 años de prisión. Su confesión, grabada por El Rastro, es escalofriante. Ortiz admitió haber asesinado a los niños porque, según él, practicaban brujería y le "ocultaban el oro" que extraía del río. "A mí eso que se me metió por dentro (...) me hacía entender de que había que matarlos porque ellos iban a hacer daños como los que hacen las brujas y los hechiceros", declaró.Con una frialdad absoluta, describió los crímenes. Sobre Juan Pablo dijo: "Yo lo maté con mis pies y con una macana de chonta, lo reventé". De Lisbey, recordó sus últimas palabras: "‘No me mate, no me mate’, fue lo que me dijo y puso la mano y le bajé cuatro dedos". Según él, lo hizo porque era “necesario para que se purifique porque usted es una hechicera". Un psiquiatra que analizó su perfil lo ubicó dentro del "espectro psicopático".Marta Echeverry, por su parte, fue a juicio. La Fiscalía la acusó por omisión, argumentando que una madre debe proteger a sus hijos y ella no lo hizo. A pesar de que su defensa alegó que era una víctima más, manipulada por Ortiz, el juez determinó que su pasividad la hacía responsable. Fue condenada a 55 años de prisión como coautora del homicidio de sus propios hijos.El Monstruo de Guarne: un asesino en serieA principios de 2016, en Guarne, Antioquia, Luis Carlos Cuervo inició una búsqueda desesperada. Su sobrina, María Gladis Arango, una campesina de 51 años, había desaparecido el 18 de enero. "Yo le prometí a mi hermana y a mi sobrina María Gladis que la encontraba viva o muerta donde fuera", afirmó Cuervo.Con tenacidad, empapeló el pueblo con afiches y recopiló pistas en un cuaderno. Pronto, un nombre comenzó a repetirse: Jaime Iván Martínez Betancur, un hombre reservado con fama de mujeriego con quien habían visto a su sobrina. Luis Carlos lo ubicó y comenzó a seguirlo, disfrazándose para no ser descubierto.El caso dio un giro cuando Luis Carlos recibió un mensaje de WhatsApp desde el celular de su sobrina que decía: "Hola tío, no se preocupe que yo estoy bien". Sin embargo, la Fiscalía determinó que la tarjeta SIM de María Gladis estaba siendo usada desde otro teléfono. Para mantener la línea activa y permitir su rastreo, Luis Carlos le hacía recargas de 5.000 pesos. Esta estrategia funcionó: las autoridades rastrearon la señal hasta la vereda Hojas Anchas, justo donde vivía Jaime Iván Martínez.Cuatro cuerpos bajo tierraEl 13 de junio de 2016, cinco meses después de la desaparición, las autoridades allanaron la finca donde Martínez trabajaba como mayordomo. En la vivienda encontraron joyas y el celular de María Gladis. Mientras tanto, perros especializados en la búsqueda de restos óseos marcaron un punto en el terreno donde la tierra parecía removida.Cuando los forenses se preparaban para exhumar el cuerpo, Martínez hizo una confesión que heló la sangre de los investigadores: "Yo quiero poner de presente que además del cuerpo de María Gladis ahí van a encontrar otros tres cuerpos", reveló a las autoridades. Se trataba de su expareja, Natalia García Gil, y los dos hijos de ella, Mariana, de 5 años, y Nelson, de 8.La exhumación, que tardó dos días, confirmó la masacre. Martínez había usado hábilmente el celular de Natalia para enviar mensajes a su familia, haciéndoles creer que se había ido a vivir a otro lugar. El hombre de 44 años fue presentado ante los medios como 'El Monstruo de Guarne’ y condenado a 42 años de prisión.Confesión sin remordimientoEn una entrevista desde la cárcel, Martínez narró a El Rastro sus crímenes con una crudeza impactante. Contó que su relación con Natalia se deterioró por celos y una supuesta infidelidad. Una mañana, cegado por la ira tras una discusión, la asesinó. "Cogí una cuerda y la tomé por el cuello y la estrangulé. (...) Puedo dar fe de que no dura más de 40 segundos", relató fríamente.Luego, mató a los niños para que no lo delataran. Sobre Nelson, de 8 años, dijo: "llegamos, cogí una cuerda igual, ... el niño tenía 8 años". Después asesinó a Mariana, de 5 años, y los enterró junto a su madre.Dos meses y medio después, citó a María Gladis en la finca con el pretexto de tener relaciones, pero su objetivo era interrogarla sobre el supuesto amante de Natalia. Una respuesta de ella lo enfureció y usó el mismo método para matarla: "Usó la misma cuerda y cuando llegamos de igual manera al cuarto útil lo vi como buen método".Cuando se le preguntó por su apodo, Martínez respondió: "Ese apodo sinceramente me queda demasiado grande, porque el hecho de que un ser humano cometa un error no lo lleva a que (...) lo cataloguen como monstruo". Sin embargo, sus actos y la frialdad de su relato lo definen como uno de los asesinos más crueles de la historia reciente de Colombia.
Durante más de una década, el departamento del Cesar fue escenario de una serie de desapariciones preocupantes. Jóvenes mototaxistas salían a trabajar y nunca regresaban. Cuando sus cuerpos eran encontrados, la escena era tan repetitiva como aterradora: sogas amarradas con complejos nudos y signos evidentes de asfixia en las víctimas. Tras una ardua investigación la justicia determinó que el responsable de estos crímenes era Luis Gregorio Ramírez, un hombre que convirtió su habilidad para hacer amarres en un método de tortura y asesinato. Su modus operandi, marcado por la crueldad, lo convirtió en uno de los asesinos seriales más temidos del país. El Rastro conoció su historia en el 2021.En noviembre de 2007, la muerte de un joven se pensó inicialmente como un suicidio. Junto al cuerpo se halló una nota que decía: “Familia, perdónenme, ya no vuelvo a causarles más problemas”. Sin embargo, la familia del fallecido insistió en que no había señales de depresión ni problemas económicos. Un elemento fue crucial para creer esta versión de la familia: los nudos que amarraban el cuerpo.La investigación no logró confirmar que el joven se hubiera quitado la vida. Años después, este caso sería reabierto, revelando que no se trataba de un hecho aislado, sino que hacía parte de una serie de asesinatos con un patrón en común.Los nudos que delataron al asesinoNo fue sino hasta el 2010, tres años después del primer homicidio, cuando los investigadores comenzaron a reconocer un mismo patrón. “Empiezan a aparecer varios casos con características similares. Lo que nos llevó a enrutar que se trataba de un patrón que era utilizado en todos los casos porque en las escenas se encontraba el mismo tipo de amarre”, explicó Juan Carlos Sánchez, investigador criminal.Las víctimas, hombres entre los 17 y 35 años, eran halladas con sogas que unían cuello, muñecas y tobillos. Los nudos no eran improvisados: estaban diseñados para que al intentar liberarse se provocara una asfixia inmediata. Además, todas las víctimas eran mototaxistas de contextura delgada y baja estatura, lo que facilitaba su sometimiento.Para los familiares, el sufrimiento no solo radicaba en la pérdida de sus seres queridos, sino en la forma en la que fueron asesinados. “A él lo encontraron amarrado, lo encontraron con una soga en la parte del cuello, estaba amarrado con las manos atrás”, relató un familiar. Otro testimonio agregó: “Quedó en una posición como dos con las manos atrás, empezaba en el cuello, en las manos y en las piernas y en las piernas terminaba, era una clase de nudo raro”.Otro de los casos conocidos fue el de Carlos Alberto Ramírez, de 27 años. Su hermano Álex recordó que Carlos desapareció el 6 de febrero de 2010. “Era un muchacho que no se metía en problemas… Decidió hacer mototaxi para pagarse la carrera. Yo lo había invitado a una fiesta, pero él nunca llegó”.Cinco días después, su cuerpo fue hallado en una zona rural. “Estaba en descomposición, tenía pertenencias de él y al lado había unos platos desechables con comida, un rosario y nos preguntamos ‘¿quién pudo haberle hecho esto?’”.Los crímenes no se limitaron al departamento del Cesar. Pronto, casos con las mismas señales comenzaron a aparecer en otros departamentos como Magdalena y Santander. La Policía Nacional conformó un grupo especial para investigar a un asesino serial.“Un nudo ubicado en la parte del cuello estaba conectado al nudo de los pies y había otro nudo que estaba amarrado a los miembros superiores, sus manos. Las personas, al tratar de soltarse y bajar los pies templaba la fibra lo que hacía que el nudo del cuello se apretara y esto le causaría la muerte”, señalaron las autoridades.Un cruel modus operandiLos nudos no eran solo una técnica de tortura, también era la firma del asesino. Luis Gregorio Ramírez había aprendido a hacer amarres desde niño, y con el tiempo perfeccionó esta habilidad hasta convertirla en una forma de asesinar.La investigación logró establecer que el llamado Monstruo de la soga no solo mataba, sino que coleccionaba objetos de sus víctimas: documentos, cascos, licencias de conducción, todo lo guardaba como trofeos.“Este tipo de accesorios que guardaba el homicida los utilizaba como trofeos de cada uno de sus crímenes. Algo que le satisfacía, porque con ello recordaba una a una de sus víctimas”, explicó el investigador.El error que delató al Monstruo de la sogaEn 2012, una llamada desde el celular de una de las víctimas encendió las alarmas. La línea estaba activa en Medellín. Las interceptaciones telefónicas permitieron identificar al usuario del número: Luis Gregorio Ramírez. Ya tenía antecedentes por desplazamiento forzado y hurto agravado.Fue capturado el 13 de diciembre de ese año en Santa Marta. En su vivienda, las autoridades encontraron pertenencias de varias víctimas, lo que permitió vincularlo directamente con los crímenes. La evidencia era contundente: el Monstruo de la soga había dejado un rastro físico de cada asesinato.En octubre de 2016, un juez de Valledupar lo condenó a 30 años de prisión por seis de los homicidios. Sin embargo, debido a sus crímenes la pena se extendió a 60 años, el máximo permitido por la ley. Su historial delictivo acumulaba más de 80 años de condena.Se estima que Luis Gregorio Ramírez podría estar vinculado a al menos 36 asesinatos, pero no todos los casos han sido esclarecidos. Actualmente, está recluido en la cárcel de máxima seguridad La Tramacúa, en Valledupar, prisión donde también están otros peligrosos criminales del país.
El delantero Julián Quiñones se convirtió este martes, con tres goles anotados en el Mundial 2026, en el quinto goleador mexicano en los Mundiales.La lista la encabezan con cuatro dianas Luis Hernández y Javier 'Chicharito' Hernández. Quiñones igualó con los tres que ha firmado a Cuauhtémoc Blanco y Rafael Márquez, quien en la actualidad es ayudante del seleccionador Javier Aguirre.Aunque nacido en Colombia hace 29 años, 'Kingñones', como es llamado cariñosamente en el ámbito del Tri, se nacionalizó mexicano en octubre de 2023.El máximo goleador de la liga saudí con el Al Qasdiah marcó el primer gol del Mundial en la victoria con debut por 2-0 sobre Sudáfrica y añadió otro en la goleada por 3-0 a República Checa. Este martes hizo el primero del triunfo por 2-0 en el estadio Azteca que eliminó a Ecuador y clasificó a los locales a los octavos de final.Trabajo, unión y familia, son las razones del éxito de México, según dijo el goleador al término del partido.Frente a las críticas iniciales por carecer México de jugadores en clubes de Europa, dijo que la plantilla de Aguirre ha nivelado todo con trabajo."Aunque no estemos jugando en Europa, no quiere decir que no trabajamos al ciento por ciento para la selección. El trabajo, la unión y la familia son las principales razones del éxito", destacó.Y consultado sobre las suspicacias que despertó su nacionalización y posterior llegada al Tri, quitó hierro al enfatizar que su interés es trabajar y sacrificarse por el equipo."Yo no callo bocas. Si cuando criticaban no dije nada, ahora no voy a decirlo", puntualizó.
México avanzó a los octavos de final del Mundial Norteamérica 2026 tras derrotar 2-0 a Ecuador en su estadio Azteca.Es el primer triunfo del Tri en un choque de eliminación directa en 40 años, desde que avanzó a cuartos de final en la justa de 1986, en la que también fue anfitrión.El próximo rival en el Mundial, organizado por México junto a Estados Unidos y Canadá, saldrá del vencedor en el partido entre Inglaterra y RD Congo, que se disputa el miércoles.Ese choque se celebra también en el Azteca, donde México se mantiene invicto en los Mundiales, que ha organizado en tres oportunidades.Julián Quiñones abrió el marcador a los 22 minutos y Raúl Jiménez selló el triunfo nueve minutos después (31'), dos goles que hicieron que la tribuna se viniera abajo y que volara cerveza.México siempre fue superior y presionó desde el inicio con el apoyo de unos 80.000 espectadores que alentaron con vigor y abuchearon desde el himno hasta cada toque de bola de Ecuador."¡Dale, dale México!", coreó. Cantó, gritó 'ole' a los pases del Tri, bailó macarena... nunca bajó el ánimo. Los jugadores pedían"¡México (pam, pam, pam), México!", "Y si sí, y si sí"... otra consigna viral.También cayó otra vez desde las gradas el ya sancionado grito de "puto" en los saques de portería rivales.Ambos fueron golazos. En el primero, Ecuador adelantó la marca para tratar de recuperar el balón sin éxito y quedó expuesto. El delantero Roberto Alvarado recuperó el balón para Quiñones que salió disparado al área para rematar un misil de derecha.Luego, en otro error defensivo, Joel Ordóñez cortó y dejó el balón en los pies de Jiménez, que hizo pared con Quiñones para ampliar el marcador con un bombazo de derecha al ángulo.El partido inició con una hora de atraso por una tormenta eléctrica en Ciudad de México.En medio de la impotencia de verse eliminado, Ecuador perdió por expulsión a Piero Hincapie. Tras el pitazo final, en el azteca se coreó "El rey" para sellar la celebración.
El médico británico Foster Martinson señalado del asesinato de Natalia Villalba en Bogotá será imputado en las próximas horas por la Fiscalía General de la Nación tras ser recibido por la justicia colombiana y legalizar su detención el pasado 29 de junio.(Síganos en Google Discover y conéctese con las noticias más importantes de Colombia y el mundo)Así llegó Foster Martinson a BogotáCon la mirada fija en el piso, el ciudadano inglés llegó a Colombia y será imputado por el delito de feminicidio agravado de Natalia Villalba, joven cucuteña, quien fue encontrada sin vida al interior de una maleta en el baño de un apartamento del barrio Chicó, en el norte de Bogotá.El sospechoso fue capturado en Ecuador, en el aeropuerto de Quito, cuando, según las autoridades, pretendía abordar un vuelo hacia el Reino Unido para evadir la justicia colombiana.Para vincularlo con el asesinato de Natalia Villalba, los investigadores reconstruyeron paso a paso sus movimientos en el edificio. Las cámaras de seguridad registraron su ingreso al apartamento alquilado por Natalia y luego lo registraron recorriendo los pasillos. Los investigadores también hallaron tres objetos contundentes en el apartamento con huellas del británico.Habla mamá de Natalia VillalbaEl crimen ocurrió el 18 de junio y desde entonces la madre de Natalia pide justicia. “Natalia no se merecía esto. Era mi hija mayor y era muy, muy buena conmigo. Nos amábamos demasiado”.Además del delito de feminicidio agravado, a Foster Martinson las autoridades le imputarán ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio.CAMILO ROJAS, PERIODISTA NOTICIAS CARACOLX: RojasCamoCorreo: wcrojasb@caracoltv.com.coInstagram: Milografias
La historia de Melisa Gaona es un registro de años de búsqueda de respuestas frente a una condición que a menudo se suele minimizar. Diagnosticada con endometriosis profunda, Melisa describe esta enfermedad como un “cáncer blanco”, término utilizado por su comportamiento invasivo, similar a una metástasis, que se extiende a órganos como el hígado, los pulmones, los riñones o el corazón. (Síganos en Google Discover y conéctese con las noticias más importantes de Colombia y el mundo)En una entrevista con la periodista María Elvira Arango, en el programa En Aguas Profundas, abrió su corazón para explicar que aunque no avanza con la rapidez de otros cánceres, produce un sufrimiento prolongado.Para Melisa, el contacto con los hospitales comenzó a los 18 meses de vida debido a una peritonitis por apéndice explotado. Sin embargo, el punto de quiebre fue su primer periodo menstrual. Describe dolores de nivel 10 sobre 10 las 24 horas del día, acompañados de vómitos, desmayos e incapacidad para caminar. Ante estos síntomas, la respuesta recurrente de su entorno y de los profesionales de la salud era: “Es normal, a todas nos duele”.Este proceso de normalización del dolor la llevó a consultar médicos que calificaron su situación como un "show" o la tildaron de hipocondríaca. Melisa relató episodios de deshumanización clínica, como el de una doctora que, ante su confesión de no querer vivir más por el dolor, le respondió: “Mátese”. Lea también: El "hombre encantador" que estafó a mujer colombiana: así era su táctica de seducción En otra instancia, un médico internista le dijo: “Si se quiere matar, mátese, deje de hacer show”. Incluso reporta maltrato físico y comentarios inapropiados por parte del personal de enfermería durante sus hospitalizaciones.El agotamiento físico y emocional, sumado a la falta de un diagnóstico efectivo, llevó a la joven a solicitar la eutanasia en Colombia. Su intención no era terminar con su vida por falta de aprecio a la misma, sino por la imposibilidad de habitar un cuerpo con dolor constante. “Uno no es que no quiera vivir porque es que la vida es hermosa lo que uno no quiere es sentir dolor porque es que no te permite vivir la vida”, explicó. Tras una intervención quirúrgica en Colombia en la que le indicaron que tenía el útero, el intestino y la vejiga pegados, su estado de salud empeoró. El dolor al caminar se volvió similar a recibir estocadas con un cuchillo en la ingle. La solución definitiva no llegó en su país, sino en Mumbai, India, de la mano de su pareja, Mateo, quien la cargó durante todo el trayecto ante su incapacidad de movimiento.En la India, los médicos calificaron la cirugía previa realizada en Colombia como “rudimentaria” y “hecha a las patadas”, según consta en su historia clínica. Los especialistas encontraron restos de órganos mal intervenidos que generaban infecciones. En Mumbai, Melisa se sometió a una cirugía compleja y a una ablación de nervios para bloquear las señales de dolor.Actualmente, Melisa reporta un nivel de dolor de 3 sobre 5, lo que considera un cambio radical que le permite recuperar su funcionalidad. A pesar de que la endometriosis es una enfermedad crónica y progresiva sin cura definitiva, su objetivo es la pedagogía. Denuncia que la Ley 2338 en Colombia, aunque existe en el papel, no se traduce en centros de atención pública integral para las mujeres con este diagnóstico.Melisa, quien está próxima a casarse con Mateo, concluye que su dolor ahora tiene un significado: evitar que otras niñas y mujeres pasen por lo mismo bajo lapremisa de que el dolor menstrual es normal. “No es normal que una mujer tenga dolor, no es normal que una niña tenga dolor”, sostiene, abogando por diagnósticos tempranos y tratamientos integrales.Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Noticias Caracol.HEIDY ALEJANDRA CARREÑO BELTRANNOTICIAS CARACOLHcarrenb@caracoltv.com.co
Con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez, México derrotó sin problemas por 2-0 a Ecuador este martes y avanzó a los octavos de final del Mundial 2026, fase a la que regresa luego de una eliminación temprana en Catar 2022 y en la que aguarda por Inglaterra o República Democrática del Congo.Quiñones y Jiménez convirtieron por el Tri que mantuvo el control del partido, aun cuando los ecuatorianos tuvieron momentos de lucidez, aunque reincidieron en su mayor carencia: la falta de puntería en el área.Impulsados por más de 80.000 hinchas, los mexicanos dominaron en los primeros 10 minutos en los que se acercaron al área de manera peligrosa en tres ocasiones, una de ellas con un remate de cabeza de Raúl Jiménez, a punto de abrir el marcador.Ecuador se recuperó y de a poco rompió el cerrojo de cuatro defensas mexicano. En el minuto 17 llegó al área con un remate de zurda de John Yeboah que pegó en el travesaño.A los 22 minutos, México celebró. Quiñones aceptó un balón de Roberto Alvarado, se escapó sin marca por la banda derecha y, paciente, hizo una pausa antes de rematar de derecha al ángulo para poner el 1-0 en el marcador.Ecuador se reorganizó, pero en el 31 recibió un segundo golpe. Jiménez le puso una pared a Quiñones, quien puso una asistencia para que el jugador del West Ham hiciera el 2-0 con un disparo al ángulo.Provocadores, los hinchas mexicanos insistieron en el grito homofóbico que suelen repetir y que en mayo pasado habían entonado ante el presidente de FIFA, Gianni Infantino, quien hoy volvió a escuchar la ofensa sin inmutarse.En la segunda parte, México se echó atrás en espera de un contragolpe y Ecuador atacó aunque sin precisión.México hizo una descolgada sin éxito por banda derecha con Brian Gutiérrez, quien había sustituido a Gilberto Mora, convertido esta noche en el segundo jugador más joven en ser titular en la historia de los Mundiales con 17 años y 259 días, 20 días más que Pelé cuando enfrentó a Gales en Suecia 1958.Ecuador estuvo cerca de descontar en el 74. Kevin Rodríguez le ganó la carrera a César Montes y remató con el guardameta Raúl Rangel vencido, pero disparó desviado.La mala noche de Ecuador se confirmó en el 90+5 con la expulsión a Piero Hincapié, quien se tapó la boca para, presuntamente, ofender a un rival.En la ronda de los 16 mejores, México se enfrentará el 5 de julio al ganador del partido entre Inglaterra y RDC.