El cine puede ser el reflejo de la realidad y en un país como Colombia, tan amplio y diverso, las películas pueden ser tan variadas como su gente. Desde la tierra árida de La Guajira hasta la húmeda Amazonía, pasando por el realismo de Medellín, el gótico tropical de Cali y los dramas y comedias de Bogotá, la industria del cine colombiano ha tenido un desarrollo relevante.
El audiovisual nacional tomó una fuerza imparable con la llegada de la Ley 814 de 2003, conocida como la Ley de Cine, que estableció el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC) e hizo que el número de proyectos creciera rebosante. Además, casi la mitad de la existencia de la nación ha contado con la presencia del cine, por lo que en este arte encontramos fragmentos de nuestra propia colombianidad.
Inspirado en una selección de Stephanie Goodman, editora de cine de The New York Times, que le preguntó a varios autores sobre las películas que definen a Estados Unidos en su aniversario 250, decidí hacer la versión criolla en la celebración 216 de nuestra República. En lugar de definir, creo que las películas del siguiente listado muestran en diferentes formas y estilos lo que Colombia refleja en el séptimo arte. Para la selección de películas le pedí ayuda a críticos de cine, programadores, curadores, realizadores y periodistas, amigos y amigas que conocí compartiendo las pantallas y que son, ante todo, cinéfilos y amantes de las historias.
Películas colombianas, una selección de Independencia
A los invitados que participaron en esta selección les pedí tres películas que, para cada uno, representaran, definieran o reflejaran la colombianidad en alguna de sus muchas formas. Por interés numérico se escogieron 20 cintas principales (las sinopsis provienen de Proimágenes Colombia), aunque son muchas más las seleccionadas por los invitados y asimismo son mencionadas:
La estrategia del caracol
(Dir. Sergio Cabrera, 1993) Basada en un hecho real. Cuenta la historia de un grupo de inquilinos que habita una magnífica casa que debe ser restaurada, y aunque se han opuesto a abandonarla, deben buscar e idear las formas de quedarse. Rechazada la idea de resistir por la fuerza, Jacinto, un viejo anarquista español en el exilio propone adoptar una especialísima estrategia.
“Es un clásico latinoamericano sin lugar a duda: mezcla humor, sátira y crítica social. Logró captar, en la historia de los inquilinos que idean un plan ingenioso para resistir un desalojo, una metáfora de la dignidad y la creatividad popular frente a la injusticia, creando un gran impacto cultural. Su tono tragicómico y coral refleja la idiosincrasia colombiana, con grandes personajes que encarnan la lucha por la vivienda y la solidaridad comunitaria, revalorando la capacidad de convertir un conflicto social en un relato universal, donde la sátira se convierte en herramienta política y estética”, Daniel Rojas Chía, crítico de cine y periodista.
“Sergio Cabrera convierte un desalojo en una de las grandes metáforas políticas del cine colombiano. Los habitantes de una vieja casona bogotana, amenazados por un propietario poderoso y una maquinaria legal diseñada para expulsarlos, responden con una estrategia tan absurda como brillante: desmontar el edificio pieza por pieza antes de entregarlo. La película representa a Colombia porque captura la creatividad popular frente al abuso, la capacidad de convertir la precariedad en organización y el humor en una forma de resistencia. Sus personajes no son héroes tradicionales, sino inquilinos, artesanos, ancianos, religiosos y marginados que descubren que la única manera de enfrentar el poder es actuar colectivamente. En ese gesto, la película encuentra algo profundamente colombiano: la astucia como respuesta a la desigualdad y la solidaridad como último territorio de dignidad”, André Didyme-Dôme, crítico y editor de cine y TV de la revista Rolling Stone y de The Hollywood Reporter en Español.
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“Es una película que representa la lucha de las personas por mejorar sus condiciones de vida y muestra, no solamente el ingenio de los colombianos para superar las adversidades, sino también su capacidad para trabajar en equipo para lograr metas comunes y gran resiliencia”, Jerónimo Rivera, profesor investigador de la Universidad de La Sabana y jurado de los Globos de Oro.
"Colombia tiene una obsesión por narrarse como un país fallido. Eso nos impide valorar cualquier avance y, en cambio, amplificar cualquier derrota. Esta película de Sergio Cabrera va contra ese sentido común. Propone una historia de vínculos y solidaridad en la que una comunidad unida logra un pequeño triunfo frente a la mezquindad de los poderosos. En una época donde casi todas las películas colombianas veían un desastre sin remedio, la de Sergio Cabrera decide hacer lo contrario", Pedro Adrián Zuluaga, crítico de cine.
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"Lo inolvidable de esta obra es su calco casi exacto de la clase popular y de nuestra idiosincrasia, esa que nos hace sobreponernos a lo imposible, sobrevivir y ser felices a pesar de las circunstancias, ser increíblemente ingeniosos o incluso burlarnos de nuestras propias tragedias. Mientras teje una trama alrededor de un desalojo de un inquilinato, hace una crítica mordaz al sistema judicial, remarcando con personajes variopintos la lucha de clases, la permanente incredulidad y desconfianza hacia el Estado, y la infranqueable protección de la dignidad humana", Sandra M. Ríos, creadora de CineVista Blog.
La vendedora de rosas
(Dir. Víctor Gaviria, 1998) Mónica tiene 13 años y ya se ha rebelado contra todo. Ha creado su propio mundo¸ en la calle¸ donde lucha con coraje para defender lo poco que tiene: sus amigas¸ tan niñas como ella; su novio¸ que vende droga¸ y su dignidad y su orgullo que no le hace concesiones a nadie. En la noche de Navidad¸ como todas las noches¸ vende rosas para ganarse la vida¸ y para comprarse el sueño de una fiesta con pólvora¸ estrenar ropa¸ y salir con su novio.
“Además de ser una gran película, parece retratar una realidad que sigue estando ahí: infancias y juventudes marginalizadas, abandonadas. La violencia y las drogas omnipresentes, la calle o los amigos, reemplazando las labores del Estado y de la familia”, Diana Ospina Obando, escritora y crítica de cine.
“Desde que fue seleccionada en competencia oficial en Cannes, se convirtió en el máximo exponente del neorrealismo colombiano. Además, fue filmada con actores naturales, lo que le dio un carácter único y un punto de partida para el cine nacional, retratando la vida de niños en situación de calle en Medellín con crudeza y autenticidad. El impacto cultural frente al público es icónico, en parte gracias a su protagonista, Lady Tabares, quien se convirtió en símbolo de la frontera entre ficción y realidad. La película muestra la violencia urbana sin artificios, convirtiéndose casi en un documento social que expone la marginalidad y sus consecuencias”, Daniel Rojas Chía.
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“Víctor Gaviria retrata una Colombia que suele permanecer fuera del encuadre oficial: la de los niños expulsados de la protección familiar, atrapados entre la calle, las drogas, la violencia y una precariedad que ha dejado de ser circunstancial para convertirse en destino. Inspirada libremente en La pequeña cerillera de Hans Christian Andersen, la película sigue a Mónica y a un grupo de niños de Medellín durante una Navidad sin refugio ni promesas. Su fuerza reside en que no observa a sus personajes desde la distancia ni los convierte en símbolos abstractos de la pobreza. Los escucha, les concede lenguaje, cuerpo, deseo y contradicción. Por eso representa a Colombia: porque revela la forma en que la desigualdad destruye la infancia, pero también la capacidad de esos niños para inventar afectos y pequeñas formas de supervivencia dentro de un mundo que ya los ha abandonado”, André Didyme-Dôme.
“Esta película decidió mirar aquello que, por miedo o comodidad, no queríamos ver. El universo de las niñas que trabajan en la calle, obligadas por sus circunstancias a irse demasiado rápido de ese lugar que, para el poeta Rilke, era la verdadera y única patria: nuestra infancia. En medio de la precariedad, las niñas de la película buscan regresar a ese lugar de los afectos del que fueron expulsadas”, Pedro Adrián Zuluaga.
Adiós al amigo
(Dir. Iván David Gaona, 2024) Después de mil días de una guerra civil en Colombia en 1902, el soldado revolucionario Alfredo Duarte Amado recibe un telegrama con la noticia del embarazo de la esposa de su hermano. Enterándose que la guerra ya ha acabado, convence a un fotógrafo aficionado en las entrañas del cañón del Chicamocha, para que se acompañen en busca de su hermano perdido en la guerra, sabiendo que el fotógrafo también busca al hombre que mató a su papá.
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“Logra desglosar un momento histórico colombiano fundamental en esa perspectiva violenta del país, se trata de La Guerra de los Mil Días. A través del enfoque del Western, la película exhibe la mirada de tres protagonistas, que tienen sus propios objetivos personales, pero que se unen en una travesía por los caminos bumangueses, uniéndose en última instancia hacia una perspectiva pacífica y que contrasta con ese ambiente violento que los rodea. Se trata de una obra que muestra una tenacidad absoluta de los tres personajes, su jovialidad y visión reflexiva frente a las situaciones que los rodean”, Vincent Gil, programador del Festival de Cine Fantástico y de Terror de Medellín: Fantasmagoría.
“Somos un país con guerras infinitas, una sobre otra y el problema siempre es el mismo, pero en medio de todo hay espacio para las risas, el sarcasmo y los amigos. Además esta película ha conectado con la Colombia diversa que se identifica con el campo, lo tosco, los acentos fuertes y la historia que se convierte en presente”, Julieth Cicua, crítica de cine y periodista.
“Una película preciosamente colombiana, un Western en Santander, cargado de emotividad, de memoria de una guerra que aún no hemos sanado. Pero con unos personajes preciosos que nos hablan de una Colombia rural, alejada de grandes ciudades, pero que esconden pactos, magia y amor por la tierra y las tradiciones”, Cristian Jaramillo, director del Festival de Cine Fantástico y de Terror de Medellín: Fantasmagoría.
“Imposible hablar de Colombia, sin hablar de los conflictos que han atravesado a nuestro país y no creo que el cine debe hacer ojos ciegos al respecto, sino mas bien, ser un vehículo no solo para recordar si no proponer ideas de no repetición, paz y reconciliación. Ambientada en la Guerra de los Mil Días, 'Adiós al amigo' es un Western que busca tejer puentes, que habla sobre cómo son más las heridas y cosas que tenemos en común que aquellas que nos dividen”, María Alejandra Libreros, realizadora audiovisual, guionista, editora y divulgadora cinematográfica.
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Cóndores no entierran todos los días
(Dir. Francisco Norden, 1984) El 9 de abril de 1948 se inicia un período de violencia en Colombia tras el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Este capítulo recuerda cómo a mediados del siglo XIX, los partidos políticos tradicionales de Colombia, el conservador y liberal, se enfrentaron a una serie de guerras civiles que duraron cerca de cien años. Es así como durante esa época inicia un período escabroso de diez años, en el cual cumplieron un papel importante los asesinos a sueldo más conocidos como "pájaros", tales como León María Lozano, personaje central de la película, quien pasa de ser un modesto empleado y humilde copartidario a convertirse en un sangriento asesino.
“Esta película de Francisco Norden, que lleva el mismo nombre de la novela de Gustavo Álvarez Gardeazábal, recoge con maravillosa precisión una de las épocas más dolorosas de la historia de Colombia: La Violencia. Se trata de una etapa de exterminio de liberales protagonizada por gobiernos y agentes conservadores”, Alberto Medina López, periodista, escritor y ex subdirector de Noticias Caracol.
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“Su protagonista, León María Lozano, encarna la figura del sicario político que llegó a la pantalla grande y a la historia del audiovisual colombiano con el fanatismo ideológico, convirtiéndose en símbolo de la intolerancia y el terror partidista. En mi opinión, el impacto cultural es notable, ya que es una de las primeras películas colombianas en tratar directamente la violencia bipartidista, abriendo camino a un cine histórico y político que confronta la memoria nacional”, Daniel Rojas Chía.
“Es una película que muestra una esencia latente en las entrañas colombianas, alrededor de la violencia profunda, nos muestra una historia vigente lastimosamente y con gran desarrollo, desde los códigos argumentales del noir-criminal, logra contar una parte importante criminal que hace parte de la historia del país, no solo sirviendo para reflejarnos y reflexionar sobre nuestros traumas sociales, sino que desde el género establece con gran fuerza un impacto narrativo memorable y contundente”, Vincent Gil.
Los reyes del mundo
(Dir. Laura Mora, 2022) Rá (19), Culebro (16), Sere (14), Winny (12) Nano (13) cinco chicos de la calle de Medellín. Cinco reyes sin reino. En sus manos tienen unas viejas escrituras de una tierra heredada por Rá. Tras recibir una carta de la oficina de restitución de tierras del gobierno, notificando la devolución de los terrenos que le fueron arrebatados a su abuela, Rá decidirá emprender el viaje con sus amigos con la promesa de por fin cumplir un sueño: tener un lugar en el mundo donde ser libres, donde estar a salvo, donde construir su propio reino.
“La cinta habla de la resistencia, la dignidad y sobre todo de la justicia. Ni siquiera después de la muerte, sus protagonistas encuentran paz. Las almas sin descanso de quienes les antecedieron y las de ellos mismos, continúan en la búsqueda eterna de la tierra prometida, de la que fueron despojados”, Martha Ligia Parra, crítica de cine y docente.
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“Trata con fidelidad uno de los ejes centrales del conflicto en Colombia: el problema de la tierra”, Alberto Medina López. “Los cinco jóvenes rebeldes de esta roadmovie representan a esas generaciones que tristemente han nacido y crecido sin conocer lo que es vivir en un país en paz, por lo que su visión arriesgada de la vida y del futuro están fuertemente permeados por esta problemática. Desde la dirección femenina, la película presenta una visión única, tan realista como dolorosa, de lo que hoy en día significa para los olvidados el desarraigo, las nuevas identidades, sentidos de pertenencia y el duelo”, Sandra Ríos.
Campesinos
(Dir. Marta Rodríguez y Jorge Silva, 1975) Este documental se rodó entre 1972 y 1975 y en él se muestran las experiencias de la lucha campesina y obrera, el surgimiento de la hacienda cafetera y la historia de las reivindicaciones de los arrendatarios.
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“La obra y vida de Marta Rodríguez ha estado ligada desde inicios de los 70 con movimientos sociales indígenas, campesinos y afro en el país. En 'Campesinos', Rodríguez y Silva realizan un ensayo para entender la profundidad histórica de la situación de despojo del campesinado en Colombia desde los años 30. Una historia de desigualdad que se repite década tras década”, Luis Felipe Raguá, asesor de programación de la Cinemateca de Bogotá.
“Las disputas agrarias han marcado la historia social y política de Colombia. La tenencia, el despojo y la concentración de la tierra han sido unos de los principales motores del conflicto. Este documental sigue las luchas indígenas y campesinas durante la década de los setenta. De la mano de organizaciones populares, denuncia a los latifundistas y terratenientes. Además, plantea la necesidad de una redistribución justa de la tierra. Esta película teje un diálogo con luchas históricas que permiten pensar a Colombia hoy, un país que no puede ser comprendido sin su dimensión agraria”, Laura Arias, crítica de cine.
Los colores de la montaña
(Dir. Carlos César Arbeláez, 2011) Este largometraje de ficción está contado desde la óptica de los niños, protagonistas de esta historia. La mirada poética e inocente de los menores, crea un vivo contraste, no exento de ironía, sobre los actos irracionales y a veces crueles de los mayores. La historia de la película se centra en la amistad entre Manuel y Julián, su mejor amigo y compañero de escuela. Un día, mientras juegan un partido de fútbol, pierden el balón que va a parar a un campo minado. Junto a Poca Luz, tratarán por todos los medios de rescatar este preciado objeto, imprescindible para sus sueños y vidas cotidianas. De esta manera, la dura realidad se irá imponiendo poco a poco a sus juegos.
“Representan una niñez rural que ha tenido que vivir acorralada por la violencia pero que, aun así, tiene tiempo para jugar y reír y para aferrarse a la infancia, aunque en ciertos contextos esto se vea como una tarea prácticamente imposible”, Jerónimo Rivera.
“Es ya un clásico del cine nacional. Una película sobre el conflicto desde la perspectiva de la infancia que ha tocado profundamente a varias generaciones. La anécdota de tres niños campesinos (Manuel, Julián y Poca Luz) que quieren recuperar su balón de fútbol en un terreno minado, es una metáfora de la realidad colombiana. Con gran sensibilidad, esta ópera prima, evidencia la vulnerabilidad del campo y el esfuerzo de los niños y sus familias por salvaguardar el frágil mundo personal, familiar y social que la guerra y el desplazamiento les arrebatan”, Martha Ligia Parra.
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Gente de bien
(Dir. Franco Lolli, 2014) Eric, un niño de diez años, se encuentra viviendo de la noche a la mañana con Gabriel, su padre a quien apenas conoce. Al ver que al hombre le cuesta construir una relación con su hijo y mantenerse a flote económicamente, María Isabel, la mujer de clase alta para la que Gabriel trabaja como carpintero, decide tomar al niño bajo su ala.
“La ‘Gente de bien’ es un término popular en Colombia que define a personas pertenecientes a cierta clase social alta y privilegiada. Aunque también se ha asociado a quienes defienden posturas políticas de derecha, es una expresión que refleja las fracturas sociales producto de la desigualdad y la distribución en clases sociales. La película aborda estos temas a partir de Erick, un niño de diez años, que es acogido por una mujer adinerada para la que su padre trabaja como carpintero. A través de él se evidencian las heridas del clasismo arraigado en la sociedad colombiana”, Laura Arias.
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“Es un retrato de las desigualdades sociales del país y muestra claramente que hay personas dispuestas a romper estas barreras, pero esto no es fácil porque hemos naturalizado ciertas conductas y comportamiento que solo profundizan la brecha y hacen que lo económico sea solo el punto de partida para la discriminación y la exclusión”, Jerónimo Rivera.
Matar a Jesús
(Dir. Laura Mora, 2017) Un par de meses después del asesinato de su padre, Paula, una joven de 22 años se cruzará con Jesús, el sicario que le disparó. A partir de este momento se verá forzada a definir los límites de su propia humanidad. El encuentro entre víctima y victimario revelará cuánto cuesta matar a un hombre, especialmente cuando el otro es el reflejo de uno mismo: una víctima más.
“Dos vidas jóvenes tocadas por la violencia y la gran pregunta ¿la venganza traerá paz? Me parece una película valiente y lúcida que señala justamente esa encrucijada: qué hacer ante la impotencia frente a la ineficiencia de la justicia. Es una película que nos recuerda nuestra principal tragedia: nos matamos entre iguales y ya no somos capaces de ver al otro en su humanidad”, Diana Ospina Obando.
“En Colombia todos compartimos experiencias de violencia, y el cine nacional, como no podía ser de otra manera, está lleno de ellas. En esta película Laura Mora va un paso más allá. En un país donde ha resultado casi que imposible detener el círculo de repetición de las violencias, 'Matar a Jesús' propone algo pequeño pero extraordinario: que acompañemos el viaje narrativo de una joven que llega a entender que el deseo de venganza contra quien mató a su padre solo la regresa al mismo dolor, y que si miramos cara a cara a ese que consideramos nuestro enemigo, tal vez veamos no la enemistad sino la humanidad común”, Pedro Adrián Zuluaga.
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La Suprema
(Dir. Felipe Holguín, 2023) En un pueblo borrado de los mapas donde ni siquiera hay electricidad, una adolescente sueña con ser boxeadora. Cuando se entera que su tío peleará por el título mundial y el evento será transmitido en vivo por televisión, ella y la comunidad harán hasta lo imposible para ver la pelea, mientras luchan contra el olvido.
“Una característica de la que se enorgullecen muchos colombianos es su recursividad ante la adversidad, que al ser tan común y necesaria ha adquirido un nombre propio en nuestro territorio: el desvare. La gracia de este don colombiano está en la creatividad con la que se resuelven las situaciones de la vida cotidiana, pero la realidad detrás de esto es que muchas veces son una respuesta directa a las necesidades que produce el abandono del estado. Esta es la dinámica central de 'La Suprema', ópera prima de Felipe Holguín, inspirada en hechos reales, en la que el pueblo titular, que ni siquiera figura en el mapa, se organiza para ver a uno de los suyos disputar la final del campeonato mundial de boxeo. La película celebra, por medio de la comedia, el ingenio con el que cientos de poblaciones asumen las responsabilidades que corresponden al estado y a la vez construye una crítica directa a la negligencia de los gobernantes con los territorios rurales. Ante la vulnerabilidad que produce el abandono, la acción colectiva surge como la forma más potente y colombiana del desvare, ya la que las ganas de reír y gozar le ganan a cualquier obstáculo en el camino”, Juan Andrés Rodríguez.
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“Aunque es una película que denuncia la desigualdad y el olvido estatal, es sobre todo una historia sobre el trabajo en comunidad, la calidez humana y la recursividad para seguir adelante, sobre el amor por el deporte, la celebración y la juntanza, características muy propias de Colombia, un país que ha salido adelante a pesar de, que continua y mantiene la esperanza”, María Alejandra Libreros.
La Bonga
(Dir. Canela Reyes y Sebastián Pinzón, 2023) El 5 de abril de 2001, una amenaza de muerte firmada por un grupo paramilitar provocó la huida de la comunidad palenquera de La Bonga. Veinte años después, cientos de personas emprenden un viaje simbólico de retorno por las selvas del caribe colombiano para resucitar un lugar que sólo existe en su memoria.
“Según el Registro Único de Víctimas (RUV) en Colombia más de 8.9 millones de personas han sido víctimas del desplazamiento forzado. Esta cifra es uno de los indicadores más significativos del alcance del conflicto armado en el país, que nos deja con muchas preguntas sobre cómo reparar este daño, especialmente cuando la disputa por la tierra continúa y muchos de estos lugares se han vuelto inhabitables. 'La Bonga' es un documental que explora la posibilidad del regreso, retratando la movilización de un pueblo palenquero al territorio del cual fueron desplazados hace veinte años, cuando recibieron amenazas de grupos paramilitares. Esta peregrinación logra transformar las ruinas abandonadas en territorio fértil para la memoria, al compartir los recuerdos y prometer no olvidar. Un acto donde la voluntad y valentía se manifiestan con fuerza, creando un refugio para la esperanza del retorno como una forma de reconciliación con el pasado y sus heridas”, Juan Andrés Rodríguez.
“En 'La Bonga', un movimiento histórico inédito se produce: después de los acuerdos de paz, una comunidad palenquera regresa a su territorio veinte años después de ser desplazada. La película retrata el dolor histórico pero, sobre todo, el goce y la esperanza de un pueblo que vuelve a pisar su territorio”, Luis Felipe Raguá.
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Un poeta
(Dir. Simón Mesa Soto, 2025) La obsesión de Óscar Restrepo por la poesía no le trajo ninguna gloria. Envejecido y errático, ha sucumbido al cliché del poeta en la penumbra. Conocer a Yurlady, una humilde adolescente, y ayudarla a cultivar su talento trae algo de luz a sus días, pero arrastrarla al mundo de los poetas, tal vez no sea el camino.
“Ya se ha dicho de todo de la película, la sumo, sobre todo, por el tema de la colombianidad. Un retrato en clave de humor, sin dejar de lado la crítica, de distintos temas muy presentes en nuestra cultura: los padres ausentes, la relación con el arte en un contexto difícil, el retrato de un fracasado, las escenas culturales y sus pequeñas pantomimas y poderes, la manera cómo nos perciben los extranjeros y lo que esperan de nosotros. Un retrato muy completo”, Diana Ospina Obando.
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Rodrigo D. No Futuro
(Dir. Víctor Gaviria, 1990) Rodrigo no tiene todavía veinte años. Está en una ventana del último piso de un céntrico edificio en Medellín. Va a saltar sobre esa ciudad que lo oprime¸ lo llama¸ lo margina. No tiene otra opción¸ le grita a la ciudad. El tiempo se detiene y ahí está todo lo que ha sido su vida y lo que la rodea.
“La ópera prima del director Víctor Gaviria, 'Rodrigo D. No Futuro', la cual gira alrededor de la realidad de un joven punk en la ciudad de Medellín, es un retrato del auge de la violencia urbana que emergió en las principales ciudades de Colombia durante la década de los ochenta. Al mismo tiempo, es una película que da lugar a los gritos de libertad de los jóvenes que resisten los espacios de exclusión y que en ese momento, como también hoy, tienen la urgencia de ser escuchados”, María Paula Lorgia, realizadora, curadora y programadora de cine y nuevos medios.
El olvido que seremos
(Dir. Fernando Trueba, 2020) Basado en el libro homónimo, El olvido que seremos, esta es la película sobre un hombre bueno, Héctor Abad Gómez, destacado médico y activista por los derechos humanos en el Medellín polarizado y violento de los años 70. La historia relata la vida del doctor, padre de familia preocupado tanto por sus hijos como por los niños de clases menos favorecidas, el escenario: la casa, allí donde se respira la vitalidad y la creatividad características de una educación fundamentada en la tolerancia y el amor.
“Esta película que lleva el mismo nombre de la novela de Héctor Abad Faciolince, retrata, a través de la historia del padre del escritor, un médico y defensor de derechos humanos asesinado, la oscura época del accionar del paramilitarismo en Colombia”, Alberto Medina López.
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Carne de tu carne
(Dir. Carlos Mayolo, 1983) 6 de agosto de 1956 durante la dictadura militar de Rojas Pinilla. Explota en el centro de Cali un con voy militar cargado de dinamita, destrozando buena parte de las edificaciones tradicionales de la ciudad y dejando al descubierto las raíces de unas casas que por años habían guardado las historias secretas de sus habitantes: familias notables, propietarias de Haciendas e Ingenios azucareros circundantes.Una de estas familias recibe la visita de una muchacha, quien ha vivido por años en Estados Unidos, y es medio hermana de nuestro joven protagonista.
“Exhibe por completo la esencia del denominado Gótico Tropical, aplicando muchas de las principales características del gótico al contexto colombiano. A través del terror la película se adentra en los rezagos de la violencia bipartidista, la crítica a las élites y burguesía, y las consecuencias de la relación incestuosa de sus jóvenes protagonistas por medio de un enfoque fantasmal y vampírico, muy ligado a las creencias populares y tradicionales de terror del país. Se crea entonces un entorno profundo hacia esas miradas relacionadas al terror, mitos y leyendas del país, con el trasfondo político y violento”, Vincent Gil.
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La tierra y la sombra
(Dir. César Augusto Acevedo, 2015) Una mujer que se niega a renunciar a la tierra por la que luchó toda su vida; un hijo que no puede abandonar a su madre hasta el punto de poner en riesgo su propia existencia; un padre que debe afrontar sus errores del pasado con el fin de recuperar a los seres que abandonó; una valiente esposa que lucha por salvar a los suyos; un niño que crece en medio de la devastación.
“César Augusto Acevedo lleva la representación de Colombia al campo y a una familia marcada por el trabajo, la enfermedad y el paso del tiempo. La historia sigue a Alfonso, un hombre que regresa después de muchos años para cuidar a su hijo enfermo en una región dominada por los cultivos de caña y por una economía que consume tanto la tierra como los cuerpos. La película representa al país porque muestra una violencia menos visible que la guerra, pero igual de devastadora: la explotación laboral, el abandono rural, el deterioro ambiental y la imposibilidad de permanecer en el lugar al que se pertenece. Acevedo filma la casa, los campos y los silencios como si fueran parte de una misma memoria herida. En 'La tierra y la sombra', Colombia aparece como una nación donde la tierra puede ser origen, sustento y condena, y donde la familia intenta conservar sus vínculos mientras todo a su alrededor se desmorona”, André Didyme-Dôme.
La Jauría
(Dir. Andrés Ramirez Pulido, 2022) En un centro de rehabilitación experimental en medio de la selva, Eliú paga una sentencia por asesinato. Cuando su mejor amigo y cómplice es trasladado al mismo lugar, los jóvenes deberán reconstruir su crimen y enfrentarse a un pasado del que Eliú se quiere alejar. En medio de terapias y trabajos forzados, Eliú se enfrentará a la oscuridad de la naturaleza humana y tratará de escapar de la suya antes de que sea demasiado tarde.
“Esta poderosa ópera prima es un retrato de la adolescencia colombiana y de la relación conflictiva con el padre. Representa a una generación marcada por un ambiente hostil y de abandono. 'La jauría' habla del perdón, la reconciliación y la culpa. Pero, sobre todo, de la valentía para cortar con la violencia heredada de padres a hijos y con el ciclo de muerte. La alternativa es incierta, pero hay una luz de esperanza. El camino de la paz no está escrito, se construye como un acto de fe. La cinta reafirma que el viaje propuesto por el arte, permite una catarsis y una liberación”, Martha Ligia Parra.
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La mansión de Araucaima
(Dir. Carlos Mayolo, 1986) En una vieja y misteriosa casona tropical cohabitan el supuesto dueño, un fraile, un piloto convaleciente, el sirviente haitiano, el guardián mercenario y la Machiche, hembra madura y dominante. Hasta allí llega una joven modelo para desatar todo tipo de pasiones.
“Es una película de exploración, es el gótico tropical encarnado en una casa colombiana. Los personajes y la atmósfera nos sumergen en esas fincas tradicionales colombianas. El gótico aquí es la clave, cambiando los pinos y castillos europeos por palmeras y una casa preciosa pero ominosa”, Cristian Jaramillo.
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Chircales
(Dir. Marta Rodríguez y Jorge Silva, 1972) El documental muestra a través de 42 minutos¸ el régimen de explotación infrahumana a que es sometido el obrero alfarero por parte de terratenientes y patrones¸ en los latifundios urbanos que rodean la ciudad de Bogotá. Partiendo de una investigación de tipo antropológico¸ el documental intenta un análisis acerca de la relación existente entre el nivel tecnológico y las relaciones de producción, así como del nivel ideológico de esta comunidad de obreros.
“Pionera en visibilizar las injusticias de la explotación laboral por parte de terratenientes hacia los trabajadores obreros en Colombia. Este documental nos invita a reflexionar sobre la necesidad de transformación de la estructura desigual de nuestra sociedad, como también en la urgencia de que hoy discursos opresores y clasistas dejen de ser predominantes en nuestro país”, María Paula Lorgia.
Un varón
(Dir. Fabián Hernández, 2023) Carlos vive en un hogar para jóvenes en el centro de Bogotá, una especie de refugio donde se mitiga la dureza y los sinsabores de la vida. Carlos anhela pasar la navidad junto a su madre y hermana, inmersas en los círculos de violencia urbana. Al salir del internado, Carlos se confronta con el rigor de las calles de su barrio, donde impera la ley del más fuerte, del más macho. El deberá elegir entre seguir estos códigos de masculinidad o confiar en su naturaleza profunda.
“Un varón es una película que sigue al personaje de Carlos, un joven que intenta hacerse la vida en el centro de Bogotá atravesando los estereotipos de género, particularmente los roles masculinos predominantes en la sociedad colombiana. La película, desde un punto de vista agudo, sensible y crítico, refleja la fragilidad de los colombianos en el día a día al habitar ciudades cargadas de machismos y violencias cotidianas”, María Paula Lorgia.
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Lista extendida de películas colombianas
Por criterio personal decidí hacer una lista extendida que incluye los títulos elegidos por los invitados y una selección adicional de películas (*) que, por su impacto, valor artístico e historia, creo que merecen ser mencionadas:
- Adiós al amigo (2024)
- Área Maldita (1980)* elegida por Cristian Jaramillo
- Balada para niños muertos (2020)*
- Campesinos (1975)
- Carne de tu carne (1983)
- Chircales (1972)
- Cóndores no entierran todos los días (1984)
- Confesión a Laura (1990)* elegida por Sandra Ríos
- Con su música a otra parte (1984)* elegida por Julieth Cicua
- El abrazo de la serpiente (2015)*
- El día de la cabra (2017)*
- El olvido que seremos (2020)
- El otro hijo (2023)*
- Estimados señores (2024)*
- Gente de bien (2014)
- La Bonga (2023)
- La estrategia del caracol (1993)
- La Jauría (2022)
- La mansión de Araucaima (1986)
- La mirada de Myriam (1986)* elegida por Luis Felipe Raguá
- La pena máxima (2001)*
- La Suprema (2023)
- La tierra y la sombra (2015)
- La vendedora de rosas (1998)
- Las razones del lobo (2022)* elegida por Juan Andrés Rodríguez
- Los colores de la montaña (2011)
- Los Hongos (2014)*
- Los reyes del mundo (2022)
- Matar a Jesús (2017)
- Monos (2019)*
- Monserrate (1970)* elegida por Laura Arias
- Pájaros de verano (2018)*
- Pura Sangre (1982)*
- Rodrigo D. No Futuro (1990)
- Salvador (2021)* elegida por Julieth Cicua
- Un poeta (2025)
- Un tigre de papel (2008)* elegida por Julieth Cicua
- Un varón (2023)
- Virus Tropical (2017)*
- ¿Y su mamá qué hace? (1981)* elegida por María Alejandra Libreros
Encuentre la selección completa de películas en Letterboxd e IMDb.
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MATEO MEDINA ESCOBAR
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